Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Sin ti las razones no tienen dirección ni sentido.
Sin ti aquellos días de verano hacen aguas en la memoria.
Sin ti el vino tiene el sabor de un compromiso indeseable.
Sin ti el ser nada duele en ala piel como una herida abierta.
Sin ti el final de las películas es el comienzo de la vida inconclusa.
Sin ti las horas se marchitan y nacen muertas.
Sin ti los días pasan sin apenas razones que llevarme a la boca.
Sin ti los sentidos no saben donde está la belleza o el placer.
Sin ti una manzana se me hace cuesta arriba.
Sin ti las historias de los libros comienzan por el final.
Sin ti las frases hechas viajan con las luces apagadas.
Sin ti la lluvia es un estado molesto, indeseable e incómodo.
Sin ti las palabras bonitas no tienen puntería.
Sin ti las facturas son puñaladas que hacen sangrar mi nómina.
Sin ti las miradas de las otras son un ruido de fondo.
Sin ti la música no me dirige la palabra.
Sin ti la vecina del sexto se me antoja loca de atar.
Sin ti el coche tiene mas eco y menos sitio para la alegría.
Sin ti en el armario se me pierden hasta las paciencias.
Sin ti la tortilla de patata me sale ausente y lacrimógena.
Sin ti las cajeras del supermercado me miran con curiosidad científica.
Sin ti las galletas están rotas siempre y siempre están por estar.
Sin ti soy un naufrago intolerante y sin comunidad de vecinos.
Sin ti, amor, no soy casi nada.
José A. Fernández Díaz.