Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Decidido a romper con el futuro, acordó consigo mismo regocijarse en lo vivido, exclusivamente. Detenerse para siempre entre un punto exacto del pretérito consciente y el ahora mas inmediato.
Pero el ahora era un gran problema porque, a pesar de sus esfuerzos, no dejaba de cambiar las reglas de su juego.
Descubría, con estupor, constantemente, las manos manchadas de expectativas… la esperanza, que lo salpica todo en tiempos de locura, era futuro puro y duro.
Intentando no hacer nada para construir futuro, se refugió en sus libros, fotos harto anacrónicas y amores hechos para el ahora, sin mas allá…
Un día imaginó, mas que encontró, en el cielo oscuro, una estrella a la medida de sus mejores sueños. Se trataba de una estrella muerta, apagada, tan negra como el cielo que la contenía, como el universo de las películas… Un día cuando había alcanzado los sesenta y nueve años se dedico a mirar para siempre al fondo del escenario, allí donde la vida se acaba acabando siempre para siempre…
José A. Fernández Díaz.