Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Hay que ver como es la belleza, de dónde viene y dónde está. Hay que ver como es la vida, que hace de la belleza una lectura permanente.
La belleza somos nosotros, está en la forma de mirar y sentir. La belleza que entra por nuestra manera de mirar es o no es si depende del estado de enamoramiento, el grado de amistad, el odio o el rencor… el odio y la envidia hacen que la percepción de la belleza se distorsione hasta crear monstruos. Y que curioso que en realidad el monstruo es el que, atrapado por la maldad, odia y odia sin parar, mientras el que ama o quiere es capaz de comprender que la belleza es un concepto sutil y frágil. Somos edad que solo se detiene cuando ya no somos, somos edad que no se detiene, vida que nos castiga, dolor y alegría que nos vuelve locos… somos una realidad cambiante , una flor que se marchita pero que nunca dejará de ser una flor.
Podemos ser plástico, belleza inventada, construida y ajustada … falsa belleza a la medida de las exigencias del guión que sostiene la farsa… Podemos ser belleza de catálogo, apocalíptica, enferma , esclava y dolorosa belleza…
La belleza está en la manera de mirar y la manera de mirar está dentro de cada uno.
José A. Fernández Díaz.