Overblog Todos los blogs Blogs principales Estilo de vida
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

Publicidad

Chocolate

Chocolate
Publicidad

          Huyendo del calor de la India, nos fuimos a las montañas, buscando escapar de aquel sofocante infierno de colores  pardos, naranjas bermellones azules y también verdes,   terminamos en la ciudad de Simla y luego Narkanda no muy lejos del impresionante Himalaya… Allí, en el Himalaya viven la nieve y los dioses… Me hubiera gustado llevarte a las puertas del cielo, a los Garhwal Himalayas, mirarnos juntos en el espejo donde nace el Ganges y morir de amor río abajo hasta alcanzar el mar,  arrastrados por la comunión sagrada del que nos lleva, el Yamuna  y el Saraswati y con suerte, una suerte que solo puede ser cada doce años,  ser los dos amantes mas anónimos del mundo confundidos entre millones de personas celebrando el Kumbh Mela y adorar al río… Me hubiera gustado huir del calor de la India y perderme en el tuyo antes igual que ahora… he soñado, siempre sueño cuando jugamos con chocolate…

          Aquella tarde, como muchas otras tardes, habían decidido amarse y amarse ruidosamente, sin miedo al después. El, fiel a su costumbre, había dibujado con palabras la cola de un sueño, un sueño más… Y ese sueño terminaba así, huyendo del calor de la India con dirección al Himalaya… Ella había preparado chocolate con  el punto justo de dulzura para posarse sobre la piel, su piel…

          La luz atenuada por cortinas, velas, música para acompañar  suspiros, susurros, jadeos y hasta palabras de amor y el chocolate en un cuenco lleno de nostalgias. La casa conquistada y el resto del mundo a años luz…

          Desnuda ella, desnudo él, no se conocían casi nunca, como excusa para explorarse como quien mira en el interior de paraísos nuevos… Ella, la mirada encendida de deseo y la piel dispuesta para ser dibujada. El mirando el lienzo irregular y mágico como los sueños, metió la mano en el cuenco y comenzó a explicar a golpe de caricias cuanto la deseaba y como eran las huellas de ese deseo… una primera línea que nació de un punto tibio en el cuello se dejó caer lentamente hasta llegar al lugar en el que tocaba elegir entre estar más cerca del corazón o no. Dejó aquella primera línea abandonada y se fue a las colinas que comenzó a subir con una espiral que cuanto más pequeña se iba haciendo más placer iba arrancando… terminó conquistando un primer pezón y no pudo evitar posar un beso con el que robó algo de chocolate… Para cuando conquistó el otro, ella se estremecía mientras cerraba los ojos y respiraba con prisas. Volvió a la línea que venía del cuello y se dejó ir con dirección al vientre. En el ombligo dibujó una manzana a la que dedicó un suave lametón de gusano enamorado… Ella sabía bien cual era la dirección y no es que no hubiera alternativas pero él adoraba el sabor de los besos salados y luego el punto dulce del chocolate al borde de Venus… Salió con decisión y prisa contenida de camino al lugar donde es posible estar muy dentro de la piel amada, siendo prisionero del cielo y del infierno al mismo tiempo y casi para siempre. Llegó y dedicó los días que dura un diluvio inventado a disfrutar del placer de dibujar y borrar una y otra vez con la punta de la lengua soles y lunas, ojos y nubes… Y ella loca de resignación…

          De repente el teléfono, que conquista todo con una presencia indeseable… Quietos, expectantes,  dejan que termine de sonar hasta que salta el contestador. Quien llama decide que desea dejar una huella de su presencia virtual: “hola  María, me he acordado de la cena del viernes y aunque ya acordamos que a mi  vuelta de Portugal compro yo los ingredientes, creo que es mejor que seas tú quien compre el postre… sabes que Miguel adora el chocolate y me gustaría saber que tanto él como Aurora se llevan una buena impresión… Ocúpate, por favor de que no falte el chocolate… un beso amor…”

          María miró a Miguel que desde las tierras de Venus hacía un gesto de impotencia con la punta de la nariz manchada de chocolate, y le llamó para que la comenzara otra vez desde los labios dulces y hasta donde él, goloso, quisiera…

          José A. Fernández Díaz.        

 

Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post