Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Quedamos, creo, en Plutón… íbamos a cenar en Plutón. Ella apuntó la dirección en la palma de mi mano, con un bolígrafo que había aprendido a sangrar el color de la ilusiones. Las instrucciones eran precisas, tanto que tuve la intención de ir a pie y sin mapa; pero al final, tras despertar y dejar que el grato sabor del café se hiciera con mis sentidos, cargué aquella dirección en el GPS.
Emprendí la marcha y encendí el GPS. Tardaba en posicionarse, tanto que llegué a sentir la soledad como si no hubiera otra cosa. Concluidas las operaciones de búsqueda, el aparatejo, con su voz habitual pero cargada de gestos rotundos, terminó por contestarme, tras respirar hondo: “usted está perdido, Plutón ya no existe… esa dirección es historia… en cuanto pueda gire hasta cambiar el sentido de la marcha y vuelva a casa…”
José A. Fernández Díaz.