Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Decidió construir un espacio a la medida justa de los sueños soñados y soñar… Se inventó un cielo que dejó invadir el interior de su habitación un día con luz grata y deliciosamente cálida y otro con el gris de la nostalgia; alguna vez con las generosas gotas de la lluvia pasajera y siempre con la brisa del mar a rebosar de salitre.
Planto césped en el suelo de sus metros cuadrados y lo regó con las notas de la misma música que alimentaba su corazón y la lluvia, que alguna y otra vez se colaba por la ventana, siempre abierta de par en par.
Trasladó aquella suya colección de vinilos y su viejo equipo y los posó sobre la hierba fresca, donde comenzaron a echar raíces… Sembró, sobre las paredes, hiedras de colores para ilustrar otoños y veranos infinitos… Hizo que la música fuera jardinero incansable de aquel Edén suyo…
Pequeñas flores silvestres se ocuparon de romper la monotonía del verde césped y de rodear el sillón donde, un día y otro posaba el cansancio de su cuerpo presto a soñar entre acordes y melodías, atrapadas entre las esquinas de un espacio robado a la aventura exterior … los pies sobre la hierba verde y fresca del suelo y el espíritu libre navegando entre la luz que se cuela por la ventana…
Un día cualquiera decidió construir un espacio a la medida justa de los sueños y soñar ; soñar que nadie tuviera derecho a cuestionar la solidez de sus esperanzas…
José A. Fernández Díaz