Imagina que
en un lugar de la noche, bajo la luz tenue, premeditada, se encuentran los cuerpos que contienen la pasión nuestra… Imagina que el tacto pierde el control y se aventura a explorar rincones, espacios, bordes, precipicios… Imagina…
Imagina que la boca huye de la palabra y se entretiene en la piel ajena y en sus calores, humedades, sabores… imagina que no son solo besos y que, si lo son, no tiene límite en los bordes de tus labios… Imagina que son besos locos… locos sin principio ni fin…
Imagina que las manos son tan solo tacto, que se posa sobre la flor de tu piel cautiva… imagina que navega por el mar en calma de tu espalda te dibuja y da forma a la pasión sobre la piel compartida… Imagina que te alcanza en la herida abierta y te hiere anunciando que volverá con refuerzos para conquistar valles y colinas…
Imagina que cierras los ojos y juegas a reconocer texturas, sabores, palabras próximas, caricias…
Imagina que, conquistada tu herida, la piel infame del héroe, se pierde en la tuya lentamente, mientras escucha, codicioso, el mensaje de tus ojos a rebosar de reproches encendidos…
Imagina tu herida besada, mordida, amada, hasta desencadenar una tormenta de palabras, fruto maduro de la locura… Imagina que no para, que hiere la herida?...
Imagina que, invadida la herida, el dolor compartido, haga que seamos un solo latido y un susurro intenso, hasta convertirse en grito dislocado, en caída libre a los infiernos habitados por ángeles felizmente atrapados…
Imagina que podría no haber sucedido…
José Angel Fernández Díaz.