Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Una noche, cuando éramos algo mas jóvenes, nos encontramos, sin saber algunas muchas cosas de la vida por venir… Aquella vez me gustaron sus maneras en contraste con las mías. Ella era ordenada, metódica, responsable, sabía por qué y para qué hacía algunas cosas y yo… yo estaba allí porque no quería hacer la mili y necesitaba una excusa y al tiempo, de rebote, podía aprender algo de inglés.
Luego, al día siguiente, me gustaron sus labios y la manera aquella de hablar con los ojos, alojados, como los míos, en las peceras de las gafas… terminó gustándome toda ella y decidí quedármela como amiga.
Mi amiga Rosi ha viajado conmigo siempre , desde aquella noche. Ha sido mi confesionario laico y yo su infierno multicolor. Ha estado lejos, pero siempre la he sentido revolver en las cosas de la vida, justo al lado… Sufrió desengaños que la fortalecieron y que supo utilizar para salvar mis dudas y traspiés. Siempre encontré en ella respuestas … jamás preguntas. Me ha hecho reir, reflexionar, me enseña algo siempre que nos vemos. Yo no se si su mundo es como lo escucho o como me lo cuenta, pero si sé que un minuto con ella es especial e inolvidable… dos y aparece lo inconfesable… media hora y la vida tiene otro color…
Recuerdo aquella primera imagen siempre que escucho su voz… Suena el timbre de entrada, nos sentamos expectantes… a mi lado lo hace una chiquilla morena que pronto coloca su libreta y el libro sobre la mesa, busca algo en su cartera y al poco tiempo encuentra un pequeño estuche del que extrae lápiz, bolígrafo, goma … me mira con gesto terriblemente amable cuando le pido prestado un folio y un bolígrafo…
Así ha sido siempre desde entonces…
José A. Fernández D.