Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Cuando escuchó cerrarse la puerta consideró que ya era tarde… entonces, solo entonces, se ocupó de reconocer el breve espacio que rodeaba y atrapaba aquellos sentidos suyos. Apenas fue capaz de r
econocerse en la primera pared y menos aún en las otras tres. Cuatro imágenes deformaban y ponían en duda el aspecto conocido …. ¿Acaso existe razón alguna para pensar que cuanto había visto antes era cierto o correcto?, ¿Cómo sabemos que un espejo nos dice la verdad?.
Se miró, intentó entenderse, descifrase en la confusión de imágenes con dirección al infinito; cerró, al fin, los ojos e intentó recordarse. Respiró hondo y para cuando volvió a mirar se encontró sumido en la más rotunda oscuridad. Buscándose terminó perdido. Aún consciente de su soledad habló al tiempo que giraba ligeramente sobre si mismo… Las paredes, que no veía, reflejaban tonos de voz distintos… y esta vez tampoco supo reconocerse en ninguna. Había extraviado su tono de voz en un espacio reducido y de límites sospechados pero perdidos en la oscuridad.
Sintió frio, luego calor… volvió la luz que hirió sus ojos y aplacó en cierto modo la angustia… se negó a mirar, cuando en una de las imágenes se encontró ciertamente deteriorado y desdibujado, y no supo entender, decidió reflexionar sobre la vejez.
Escuchó voces familiares y también desconocidas de las que manaban de forma imparable ideas y consejos, sugerencias y órdenes …
Se aproximó desesperado a una de las paredes y comenzó a buscar una fisura, un lugar para escapar… había entrado sin querer y ahora quería salir pero no sabía como ni cuando…
Miró al techo instintivamente y pretendió encontrar allí una salida, sin pensar que no iba a resultar imposible alcanzar aquella distancia sin ayuda… miró al suelo y, desolado, cerró los ojos con la intención de despertar …
En medio de la niebla, a lo lejos, alguien llenaba el silencio sin ecos, con una hermosa tonada nacida de las entrañas de una vetusta gaita.
José angel Fernández Díaz