Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Hoy, el sitio, el lugar de mi recreo, es la memoria. El suelo, la arena, el odioso asfalto… del espacio de mi recreo es a veces frágil, otras sólido y casi tangible… Algunas veces me escapo para refugiar mis pensamientos entre sus límites, y me descubro victima de la nostalgia y del reflejo de la furiosa pasión de otro tiempo.
Una tarde de primavera, mientras las golondrinas, revoloteaban entre las viejas instalaciones de una ruinosa estación de trenes; sobre un suelo verde cuidado por la naturaleza, comenzamos a conocer, con cierta confusión al principio, el contenido de nuestro equipaje… Nos regalamos miradas, gestos y anécdotas con el deseo, quizá, de avanzar a toda prisa… Atrás había quedado un aula que nos encarcelaba. Creo que aquella tarde, justo al final, cuando podría ser arriesgado asegurar que trataba ya no de la tarde y si de la noche o viceversa, decidimos reencontrarnos en la que llegaría a convertirse en nuestra playa: tu playa… mi playa.
La última vez, para cuando tu llegaste, el sol dibujaba sombras y desplomaba un dorado intenso sobre las cosas. El mar, tranquilo, apacible, alcanzaba la arena con una cadencia que invitaba al sueño, arrullado por el murmullo indetenible….
José Angel Fernández Díaz