Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Yo te amaba… tu decías que me amabas, pero apenas rozábamos la piel de la calle, las miradas de la gente, ese amor mutaba el gesto… entonces éramos amigos. Eramos amigos cuando la intimidad tenía voz de ausencia, amigos, como si nada… amigos de mentira, para esconder la verdad… ¿Qué extraño juego? … apenas me atrevía a seguir avanzando porque nada se pare ce menos a aquello que llena tanto sitio en el corazón como el de una falsa amistad, una puesta en escena preventiva…
No supe entender… es posible que no quisiera comprender que para ti si bien se trataba de la misma manera de perder el sueño y el apetito, los pasos adelante, tenían que ser clandestinos, como si se tratara de una elación ajena a toda lógica… ¿era nuestro sentimiento una sinrazón? ¿acaso no teníamos derecho?...
Habíamos vencido las barreras ideológicas, éramos todo sentimiento, capaz de vencer la diversidad y no teníamos armas para ser imagen real y no ficción. Robamos a las calles el calor de nuestros abrazos, de manos que se querían para pasear siendo una sola, de besos al vuelo sin vergüenza… Nos robamos libertad para continuar… me encontré con límites que pronto fueron alambradas , y te quería ruidosamente, con un querer que no sabía de susurros o de medias voces; tampoco de oscuridades y anonimatos… te quería a cielo abierto, a viva voz, en público… sin límites…
Tu me querías, eso lo sé, pero admitías los límites, las barreras, la nocturnidad… Y mientras fui fuerte lo intenté; pero el ansía me debilitó, me consumió, me llenó de razones entre lágrimas… por qué no contar al resto del mundo eso que llevábamos en el pecho?...
Mis ideas, mi condición,… Marxista, Republicano, ateo… todo un cúmulo de complicaciones, imposible para contarlo a tus padres… Siempre pensé que con un poco de paciencia hubieran conseguido entenderme… o tal vez no.
Lástima,… lo nuestro terminó cuando aquello que nos unía hubiera sido infinitamente normal, con una clandestinidad justificada; yo encabezaba una lista electoral y tu ibas de segunda en otra… Podíamos haber negociado en profundidad el ir y venir de nuestro Ayuntamiento. Mejor hubieran ido las cosas, mejor. Gobierno y oposición abrazados con pasión … toda una paradoja…
José A. Fernández Díaz