Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Un día como hoy, se encontraron nuestras pieles por primera vez… Llorábamos en nuestro primer encuentro. En la calle se había acomodado la noche tras un largo y generoso día de sol. En aquel lugar donde nos vimos por primera vez el tiempo tenía otra cadencia, marcada por antojos y casualidades… Tu no tenías que estar allí aquel día, tampoco aquel mes… Pero llegaste y te estábamos esperando para que cambiaras nuestras vidas.
Mi tiempo de espera fue el mas sencillo y fácil… No tenía la menor idea, todo era nuevo para mi, menos la vida y esas otras cosas que ya iba conociendo a golpe de ensayos.
Me tocó, nos tocó, aprenderlo todo… Tu marcabas los ritmos y dominabas sobre las horas. Tan pequeña y frágil y tan poderosa. Apenas podía imaginar la vida sin ti. Te convertiste en día y noche, en verano e invierno, en luz … en luz maravillosa que lo llenó todo, en esperanza e ilusión, en gestos para guardar en la memoria, primeras palabras para no olvidar, breves aventuras para contar millones de veces … Ya no entiendo la vida sin ti… Tu eres parte de todo cuanto hago y quiero hacer…
Cada vez que lanzo al aire tu nombre tengo la impresión de que algo se revuelve en mi memoria y han pasado ocho años… hoy cumplimos ocho años… Cuantas cosas me has enseñado y cuanto he cambiado mi manera de entender la vida. Hasta que llegaste sabía amar de una solo manera, sincera y generosa pero con una sola dirección… Contigo aprendí que el amor no tiene límites ni direcciones. Hoy me duele el llanto y el dolor de todos los niños mas que ayer, porque tu me enseñaste a comprender la esencia de la fragilidad… He aprendido contigo a ser mas sincero, a decir “te quiero”, sin que importe nada mas que el deseo irreprimible del momento.
Cuando te miro a los ojos, este mundo loco y perverso en el que navegamos, se me olvida un poco, solo un poco, porque me duele saber que va a ser tu casa y que quienes la hemos habitado antes no hemos sabido cuidarla… Cuando te miro a los ojos me lleno de esperanza…
Con los años se encontraron nuestras palabras y nuestras voces. La tuya es hermosa y musical, tanto como el color del corazón que te da vida. Me gusta escuchar tus primeras reflexiones porque me recuerdan a las mías… el tiempo afianzará o cambiará el horizonte de estos primeros trazos… Me gustaría saber que vas a acertar pero eso no es fácil.
Es maravilloso pensar que todo en ti es nuevo, que eres una esencia moldeable, una gominola a la que se le puede dar forma… que tu puedes llegar a cambiar el mundo.
Andrea, hija mía, te quiero… Feliz Cumpleaños.
José Angel Fernández Díaz