Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Donde antes se reflejaba el azul inmenso chocan ahora los grises y se recrudece la voz furiosa de las olas que rompen al pie de la arena en un blanco generoso. Alcanzan ruidosas la arena compacta, sin conquistar, fría como el susurro del viento, al oído de quien conquista el espacio abandonado por quienes precisan color y calor para entender el lenguaje de la belleza.
Llover en el mar, sobre la arena… agua sobre agua y la arena frágil vencida por el beso dulce que cae del cielo. La vida abandonada al antojo de un cielo que no quiere ser azul, de un mar que no puede ser otra cosa que el reflejo de los nubarrones grises que alimentan la nostalgia…
José Angel Fernández D.