Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Quis
o imaginar que había conquistado la belleza, alcanzando a rozar con la mirada el gusto por las cosas hechas a la medida… Ella era un sueño con esquinas y bordes tangibles, era algo hecho realidad o construido para hacer morir de envidia a los habitantes del tiempo presente y de deseo a los aliados de la mirada codiciosa…
Arrancaba, aún en un tiempo dibujado en blanco y negro, susurros y suspiros que no eran otra cosa distinta a la envidia y también a la impotencia… Ellas envidiaban, estúpidamente lo hacían y ellos deseaban, impotentes y estúpidos también… aquel cuerpo construido con los restos del estruendoso naufragio de la belleza infinita… efímera.
Se sabía, lo sabía y apenas era capaz de guardar su secreto… Era hermosa, deseable y su dinero le había costado… dinero y sacrificios que no tenían un final pero si un fin…
La belleza está al alcance de quien puede pagársela, pensaba… y también pensaba que junto a la belleza además la condición sexual…
Si ellos supieran…
Si ellas supieran…
Acaso iban a mirar igual si conocieran el secreto?... Miran porque la belleza atrae, porque la sensualidad es un imán potente.
Cómo mirarían si supieran la verdad?... Mirarían con curiosidad tal vez?
Hubo un tiempo en que me cansé de ser Manolo… Ahora descanso escuchando como me llaman Lola…
José Angel Fernández Díaz