Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Es sábado y la tarde casi podría llamarse noche. El otoño golpea con sus aires de conquistador los cuerpos de grandes y pequeños, mientras esperan para adquirir una entrada y poder meter la imaginación en el mundo que acontece bajo la carpa bicolor, coronada por un par de banderas, del circo que, desde hace unos días, perturba los ruidos conocidos de la esquina verde con otros nuevos, que anuncian diversión y aventura…
El circo es un triste espectáculo lleno de alegría, sonrisas, aplausos…
Los malabaristas son desvergonzados inútiles que de tanto intentar alcanzar el cielo con cosas impensables terminaron por hacerlas girar en el aire infinitamente.
Los magos no saben que justo detrás un inmenso espejo se encarga de revelar sus secretos…
Los domadores con sus leones de digestión pesada y sus tigres remolones nos recuerdan que hemos olvidado comprar la comida para el gato.
Los trapecistas tienen red y eso convierte su oficio en una tarde de parque, sentados en los columpios que navegan sobre charcos fríos.
Los payasos intentan contagiar la risa que traen puesta y aunque algunas veces lo consiguen saben que la que los rodea es tan efímera como la que ellos llevan pintada con el disfraz.
Las contorsionistas hacen soñar a los padres que piensan que aburren a los hijos…
Los animales tienen la mirada fija y triste, obedecen, simplemente se dejan llevar una y otra vez.
Se confunden adultos y niños con la infancia secuestrada. Todos son parte útil de una breve comunidad que parece no ser de ningún lugar.
Es sábado y la noche cae espesa sobre la carpa que bajo las luces, la música y el eterno espectáculo arropa sueños y despertares. El circo es triste para quienes han perdido esa forma mágica de mirar que tienen los niños…
José Angel Fernández D.