Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Un día descubrí que imaginaba demasiado y vivía poco. Apenas reflexioné en torno al asunto, simplemente me limité a buscar un espejo para situar la imagen supuestamente mía, en la superficie que capturaba una pequeña parte de la pared de enfrente. Fue entonces cuando realmente entendí el problema: era demasiado guapo para que mi ego tímido y manido pudiera asumirlo en una sola lectura. Guapo, guapo… terriblemente guapo y un poco sexy de más.
Fui consciente entonces de que mi ego minimizado por un pensamiento tremendamente negativo, chocaba frontalmente con una belleza que exaltaba la vista y excitaba los instintos… Apenas fui capaz de apartarme de la hermosa imagen que me devolvía la superficie del espejo. Aquel Adonis era yo y, cruel de mi, robaba al mundo miserablemente una prueba evidente de que la belleza existe y no necesita mas que estar para ser creíble… y yo no estaba. Había dejado discurrir mis días entre libros y películas, coleccionando historias ajenas, cuando seguramente podría estar colmado de cientos de aventuras propias. Me habría hartado de amor y pasión… y sin embargo no he sido mas que un guapo anónimo toda mi vida…
No sabía que hacer, cómo enfrentar el problema y encontrar una salida. Dejarme llevar quizá? … entregarme al salvaje manantial de la realidad sin mirar a los lados? … Dejarme barba y bigote… estrangular mi belleza incomprendida con la dejadez y el abandono?... Imposible, mi belleza era tal que cualquier cosa que pusiera sobre mi cara o mi cuerpo inmediatamente ganaba y suponía una mejora notable…
Una vez me descubrí en el espejo, tal cual era, no dejaba de buscar excusas para mirarme a cada instante constantemente; que si afeitarme, cepillarme los dientes, peinarme, ponerme colirio, … en fin… estaba atrapado y me gustaba mi cárcel…
Un día descubrí que imaginaba demasiado y vivía poco.
José Angel Fernández Díaz