Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Hoy, sin razón alguna para las prisas, nos despertamos pronto, diría que al mismo tiempo. Estaba acurrucado a mi lado y me miraba con su mirada azul verdosa y el dedo en la boca. Por la ventana entraba una luz triste que pronto nos abandonó para sorprendernos con el furioso ruido del granizo golpeando los cristales… luego fue la lluvia.
Clavó su mirada asustada en la mía curtida en unos centenares de granizadas y me abrazó… Susurré un “te quiero” al borde de su oído y posé un beso en su frente. El hizo lo mismo en mi cara y tras meterse el dedo en la boca cerró los ojos tranquilamente dispuesto a buscar el sueño. Tiré de las mantas para arroparnos mejor y luego me entretuve mirándolo, recordando como era hace cuatro años y pensando que ser padre es algo muy difícil o imposible de explicar tan solo con palabras…
José A. Fernández Díaz.