Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Hoy, 12 de octubre de 2011, en la esquina verde, el sol reina y juguetea con las gotas de rocío que se deslizan por las pocas hojas que aun cuelgan de los árboles. Alguien decide que es tiempo de salir y hacer camino, escuchar los propios pasos sobre la tierra y gozar de la luz limpia y el aire perfumado de la mañana. Busca el mar, la playa. No está lejos, aquí nada está lejos. Antes que su mirada encuentre el azul inmenso, se llena del mar que entra por la nariz y el oído y para cuando ya es imagen, la sensación de libertad roza el borde de la piel.
Desviste los pies para posarlos sobre la arena y entonces paso a paso observa como aquellas huellas suyas le persiguen sin remedio… Rompe con su caminar informal, con su paseo descuidado, la lozanía de aquella superficie solitaria. La inmensidad del mar, hoy pacífico, hace que sienta cuan pequeño es…
Algo a lo lejos, un objeto que rebota los rayos del sol, llama la atención del caminante. Las olas alcanzan aquello que seguramente poco antes habrán depositado allí como si fuera parte natural del conjunto… aunque ya de lejos no tenía aspecto de ser obra de la naturaleza.
No apuró el paso aunque la curiosidad no era poca… quizá saberse solo sobre la arena afianzó la seguridad de que aquello iba a ser para el.
Una botella, de diseño y vidrio curiosos, cubierta en buena parte por coral y algas. Observó que estaba tapada y al tomarla entre sus manos notó que algo se movía en el interior. Aquella botella ciertamente llevaba mucho tiempo en el mar. No dudó en volver con su tesoro a casa.
Cuando emprendió el camino de vuelta, una niebla densa se hizo con el paisaje y conquistó el silencio. Ya en casa encontró que su ropa estaba ligeramente húmeda pero la curiosidad por conocer el contenido de aquella botella era mas grande que cualquier otra cosa. Con un cuchillo rascó, no sin dificultad, el coral que cubría la boca de la botella, hasta descubrir algo que sin ser un corcho cumplía la misma función. Buscó un sacacorchos y tras varios intentos y no poco temor, consiguió arrancar aquel tapón, que ciertamente no era de corcho.
En el interior había una pieza de papel que con mucho cuidado consiguió extraer. Se encontró con una breve carta escrita a mano y una caligrafía simple, muy simple y una exagerada supresión de letras y palabras, al modo de los actuales mensajes de texto…
El texto que fue capaz de leer decía mas o menos lo que sigue: