Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
De repente un día una mirada pequeñita te atrapa y parece explicarte esas cosas tan complicadas de la vida, esas que colman las inquietudes de sesudos señores y señoras y que muchas veces se resumen en bien poco…muy poco.
De repente un día te descubres aprendiendo cosas de quien acaba de aterrizar en este planeta complejo y enrarecido que habitamos, y aprendes sin que hagan falta palabras. Miras, sientes, hueles, tocas y la vida es, súbitamente, otra cosa.
De repente un día entiendes por fin que la propiedad privada es una mentira inútil e innecesaria…aprendes que lo que tienes puede ser compartido, debe ser compartido y eso termina haciéndote mas feliz.
De repente un día las palabras tienden a llenarte de sentimientos poderosos aun cuando puedan resultar incomprensibles… son ruiditos que nacen, eso si, de un corazón que cuando late imprime mas vida al que te sostiene.
De repente un día el llanto es mas fácil de entender y mas difícil de evitar. Sabes, porque terminas aprendiéndolo, que las lágrimas marcan límites y suplen al verbo… Aprendes a comprender que el color del llanto es la voz de la necesidad… y esto te lo puedes llevar al resto de la vida porque también funciona allí.
De repente un día, una palabra sola es capaz de mover estruendosamente el cielo que cobija tus sueños y el suelo que contempla tus ires y venires… “Papá” , casi nada… y esa palabra nacida de aquella boquita chiquitita te llena de responsabilidad y miedo, pero te inunda de amor…
De repente un día descubres que ser padre es reinterpretar la realidad para llenarla de ilusión y esperanza.
José Angel Fernández Díaz.