Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Nadie me preguntó, no tuve opción… era eso o nada… y nada era nada, cenizas y olvido.
Me tocará envejecer, perderme en los rincones de mi memoria recurrentemente. Olvidarme de los caminos que me habrán traído a esta colección de canas, de carnes flácidas, de dolores y achaques nuevos y conocidos, me tocó pensar que la vida apenas son dos días y puede que llueva …
Si vuelvo la mirada atrás encuentro que las huellas de mis pasos las ha borrado la marea y el viento y mi ignorancia… mi ignorancia también. Si pudiera volver atrás solía decir… si pudiera volver atrás con lo que sé ahora… para qué engañarme, volvería a repetir cada acierto y cada error una y mil veces… La vida para vivirla, es para vivirla… es una constante puesta en escena sin ensayos; un maravilloso salto al vacío sin alas ni red… un paseo por la jungla sin GPS…
Nadie te cuenta cuando dejas de ser lo que crees que eres para convertirte en eso que en realidad te define como el estrafalario, incoherente y anacrónico personaje que mira con curiosidad las esquinas conocidas, que adora la belleza que ya no es para él o intenta entender cómo era posible vivir sin estar atados a tantas máquinas con voz y pantalla…
Me tocará explicar a quien quiera escuchar que dentro de mí late la ilusión, el deseo, mil ideas y una ideología persistente y sólida… y, si cabe, contar dónde me he encontrado todo esto y cómo hago para alimentar el fuego.
Me tocará envejecer, como lo ha hecho esa casa olvidada bajo las hiedras… seré una colección de espacios ocupados por heridas inocentes y también culposas… tendré goteras y muchos parches y mis puertas y ventanas siempre estarán abiertas… nada será mío. Envejeceré regalándolo todo, vaciando de tesoros y miserias mis esquinas… seré tal vez una casa abandonada… solo tal vez.
José Ángel Fernández Díaz