Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Tras el primer sorbo de aquel brebaje almibarado el espíritu que me sostiene comenzó a dudar; el siguiente me hizo ver caras y reconstruir olores perdidos en el tiempo y con el tercero se entremezclaron la alegría de volver atrás y el miedo de perder el ahora… Acaso estaba soñando?... ¿es posible que un sueño súbito e inexplicable aconteciera tras el primer sorbo?...
Cuando aquel hombre de personalidad generosa puso en mis manos aquella pequeña botella me advirtió que su contenido tenía quince años de antigüedad … la esencia de hace quince años guardada entre cuatro paredes de cristal… No me advirtió, sin embargo, que aquel néctar tenía la facultad de jugar con el tiempo y esencialmente con las sensaciones, la nostalgia y otras cosas del espíritu…
He ido dando cuenta de la pequeña cantidad que ocupaba mi baso con infinito cuidado, consciente del valor que aquella peculiar cualidad tenía para un prisionero de un tiempo en el que nunca consiguió ser feliz… De vez en cuando viajo a mi pasado compartido y lo hago para intentar entender como hemos llegado aquí… Desde que soy el agradecido poseedor de esta bebida mágica disfruto, cuando puedo hacerlo, de la capacidad de no pertenecer a ningún tiempo concreto, de la cualidad contraída y pasajera de ser un eterno emigrante un ciudadano de ningún lugar… un espíritu aturdido por los viajes y las mil sensaciones cruzadas… gozo de una borrachera mística temerosa tan solo de que mi maravilloso brebaje toque fondo…
José A. Fernández Díaz