Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Ayer te vi…
Ayer, cuando el día era una causa perdida y la noche una de esas muchas batallas absurdas, que se anunciaba ruidosamente; ayer, sobre la roca donde solíamos dejar florecer nuestros sueños.
Llevabas entre las manos un viejo libro maldito, que antes yo te leía, mientras el mar no paraba de interrumpir con su ir y venir ruidoso, como las ilusiones. Yo, te miraba de lejos, tan lejos que con mi aliento podía despeinar tus sueños; pero me entretenía acariciando mis recuerdos, tuyos también y amándote a contraviento, siempre a contraviento…
Te vi, ayer, que podría ser casi hoy, si no fuera porque las horas, que apenas importaban, no paraban de mentir al día…y te podría ver siempre, cada día a cada hora o segundo, pero la voz de mi memoria es un extraño y achacoso pasajero que se ocupa de entretener, cuando se le antoja, los minutos vivos de mis horas muertas.
No se muy bien si la noche era de verdad, si la verdad había confundido al día, si tu eras un sueño y yo tu pesadilla, si aquel libro era una mentira piadosa, si aquella roca no era mi cama, o si mi sábanas eran olas al pie de la noche… solo sé, tan solo eso, y puede ser poca cosa o el universo entero, soñar que te vi.
José A. Fernández Díaz