Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Aquello tenía un cierto parecido con las ganas de llorar para siempre; pero mas que eso era la dolorosa sensación de que un trozo afilado de cielo penetraba poco a poco en la carne blanca de una nube efímera, o también, por qué no?, el último suspiro de una lágrima con sabor a mar perdida para siempre, entre las furiosas llamas de un fuego salvaje, encendido por la rabia sin límites… Era mas que dolor; Aquello, tenía la medida justa y concreta de un final inconmensurable acotado por miradas emponzoñadas…
Aquello era el eco ensordecedor de un amor terminado, dibujado con el color de una caducidad anunciada por las piedras del camino y por el clamor de cristales rotos al límite de la madrugada… y es que no podía ser de otra manera… éramos tan iguales, tan desgraciadamente atrapados en cuerpos prometidos a otro, que la mezcla insana de egoísmo e incomprensión, de ignorancia y fanatismo nos pusieron a optar entre la carne expulsada del paraíso o la carne muerta de dolor… renunciar a la pasión, a la locura, a la reconquista del infierno perdido, antes edén, con o sin manzana.
Aquello era el susurro de un exorcismo de manual, el punto y final de una horrible película de terror, a rebosar de amor y ternura, de piel recorrida con tanto miedo como pasión con p de prohibida… Mayúscula miseria, minúscula riqueza de libertad…
Aquello, el pecado, lo prohibido, el cuerpo a cuerpo, monje a monje, no era otra cosa mas que una muestra próxima de que las criaturas están hechas para amarse sin que apenas importe el sexo que les ha tocado al nacer, para adornar con comportamientos supuestamente normales… normales como la vida convertida en un valle de lágrimas con el horizonte de la muerte como escapatoria…
José A. Fernández Díaz.