Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Apenas es posible imaginar como es el espacio que media entre un primer beso infinitamente delicado y la pérdida de la capacidad para determinar donde están los límites de la propia piel. Clara y José fueron una sola piel unida por los bordes de dos fragancias de viaje por la vida. Llegados a conquistar los espacios reservados a la pasión se conocieron en las esquinas donde la piel es mas insensata, mas vulnerable, más cálida y salada… Clara sentía crecer la fuerza de aquel perfume y poco a poco fue consciente de que cada milímetro de su piel había sido conquistado por una esencia a la medida de viejos sueños y anhelos.
Desde fuera llegaba glorioso el rumor de la lluvia y el discurrir de las aguas rompiendo entre las rocas silencios efímeros y palabras inéditas. Ella y el se habían ocupado de construir insensatos ruidos que poblaban la atmósfera interior como si aún no se hubieran inventado las palabras.
A medida que se recorrían aquella esencia dibujaba tonos diferentes sobre la piel de Clara y, como si se tratara del discurrir plácido y harmónico de las páginas de un libro inolvidable, la historia tenía un ritmo que alcanzaba cimas vertiginosas y también praderas conquistadas por la locura pacífica. Se suponía el discurrir de las horas porque el fuego de la chimenea había dejado de dibujar sombras en la pared y la música de fondo se había ido diluyendo hasta ser consumida por la lluvia …
Tras el amor, la pasión y otros disparates piel a piel, cansados y abrazados como para no dejar escapar la mas mínima oportunidad, encontraron el sueño colmado de atajos y vertiginosas escapadas a escondrijos entre flores y mariposas ajenas a estaciones y momentos adecuados y oportunos…
Al despertar Clara encontró que la luz que lo llenaba todo tenía el tono de un curioso mensaje en clave duda. No sabía, no quería mirar porque en el fondo había descubierto que se trataba de un sueño, una maravillosa aventura en falso articulada por sus ilusiones…
Tan solo al respirar con intensidad se atrevió a mirar como sobre su mesilla de noche se habían vertido tres pequeños frascos de perfume sobre las páginas del libro que estaba leyendo. La fragancia que se había construido entre los tres era igual a la de su breve y efímera historia… toda la habitación estaba llena de aquella esencia y también de nostalgia. Cuando se incorporó para levantar los frascos encontró que dos palabras se habían distorsionado en una suerte de arcoíris cargado de aquella esencia: Te quiero…
José A. Fernández Díaz.