Se amaban en silencio, sin apenas hacer ruido, inmersos en la bruma miserable de la ruidosa envidia. Prisioneros de la ignorancia sobre la que sostenían sus ansias, se amaban silenciosamente, con codicia desmesurada y las ventanas abiertas para que el ruido de sus cuerpos abandonara la habitación, con prisa hasta recuperar el silencio… silencio, silencio que llenaban con caricias que eran palabras impresas en la piel…
Se amaban sin saber donde estuvo el principio y donde podría estar el final; se amaban injusta y humildemente… Se amaban porque si; y si, se amaban sin que hubiera un no. Rabiosamente se amaban y también en silencio porque si.
Se amaban sin luz cuando no tenían con que pagar y con luz cuando el día los encontraba despistados. A oscuras cuando querían torturar el tacto y a plena luz, con los ojos cerrados, cuando el sol era promesa cumplida…
Se amaban en silencio conscientes de que la voz era poesía herida, poesía que sangra por las esquinas… Se amaban, pues, a golpe de silencios.
José Angel Fernández Díaz.