Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Podría ser peor …
La edad es cosa relativa, efímera, incierta, personal e intransferible, secreta en algunos casos, falaz en otros e indomable siempre…
La edad no mejora con el tiempo… lo he comprobado; y es que cumplir más, tener más, en este caso, salvados los 18, ya no tiene nada de especial.
Con cuarenta y seis aún se es cuarentón… cuarentón avanzado, pero cuarentón y eso relaja un poco, poco… muy poco.
“alcanzada una edad uno puede mirar atrás y…” y qué?, verificar si alguien te sigue?, si has dejado alguna luz encendida?, si has pisado alguna cagada de perro y vas dejando huella?... mirar atrás… Claro; por esa razón el retrovisor del coche es ínfimo en comparación con el parabrisas… el retrovisor es el pasado y el parabrisas el futuro inmenso… inmenso y lleno de mierda (si está como el de mi coche)… cuanta filosofía se puede encontrar entre las cuatro latas de una maquina de contaminar…
Uno tendría que haber plantado un árbol, escrito un libro y tenido un hijo… Lo del árbol lo llevo bien ; he plantado varios y talado algunos (esos cuentan como negativos)… Y lo del hijo… bueno, lo del hijo no me salió bien la primera vez; tuve una hija, pero la segunda vez acerté… me tranquiliza que hubiera sido así porque no estaba dispuesto a tener familia numerosa solo por satisfacer semejante lista de cosas por hacer … Lo del libro lo llevo mal; no tengo prisa pero tampoco esperanza, ni ideas, ni editor… se podrá hacer un intercambio por un blog de mala muerte?… algunos libros son mucho peores…
La edad a partir de los 18 ya no sirve para nada … va de mal a peor y complica las relaciones. Quizá por esa razón mucha gente no para de cumplir los treinta desde hace veinte años por lo menos… y eso se nota y mas aún cuando las velas de la tarta son recicladas de un año para el otro…
La edad es una llamada de atención constante, el sentirse culpable porque si, cuando uno decide ser “incoherente” y hacer algo “impropio”, como por ejemplo, calzarse una camiseta blanca, ceñida a rabiar, engrasarse el pelo ( o el lugar donde algún día estuvo ), embutirse en una chaqueta de cuero negro y unos vaqueros… y todo para que a uno le vuelvan a decir cuanto se parece a John Travolta en Greasse…. Ya quería ver al Travolta con aquellas pintas ahora… el no conseguiría parecerse a si mismo, seguro que no… tal vez tampoco se le hubiera ocurrido intentarlo… pero yo es que conservo toda mi naturalidad, en relación diametralmente opuesta a la cantidad de pelo que poblaba mi cabeza…
Querido John, hemos envejecido y ahora, no se tu, pero yo ahorro mucho en grasa para el pelo…
La edad es una enfermedad incurable y hoy, no se bien por qué razón, los síntomas se me han disparado…
José Angel Fernández Díaz