Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
La penúltima vez que bailamos me dolía la cabeza… casi llovía y apenas hacía frío. Aquella penúltima vez me inventé una melodía circular para dejarla caer al borde de tus sentidos … Y bailamos; bailamos piel a piel con la esperanza de que la noche aquella fuera nuestra para siempre.
Para siempre son los corazones y los recuerdos que no se enferman de ganas por no estar; para siempre son los corazones capaces de empujar la vida cuesta arriba y cuesta abajo.
Bailamos aquella noche como si el mundo estuviera quieto; como si no hubiera otra cosa más que casi lluvia, apenas frío, la luz triste de una farola aburrida y dos torpes amantes inventándose una canción circular.
José A. Fernández Díaz