Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Hasta la náusea recordó, con que violencia era capaz de odiar aquel militante de causas irreconciliables con la condición de ser humano.
No pudo más. No supo no parar. No quiso no querer, y mató a la bestia de una puñalada… con una puñalada certera en el centro del corazón.
Para no fallar se buscó en el espejo, y terminó ensañándose con el reflejo de la decadencia que lo habitaba…
Aquello que tenía que haber sido veinte o treinta años atrás. Fue tarde, y puede que con el diagnóstico incuestionable de una salida de emergencia… Puede que como salida de emergencia estuviera bien; pero, para las verdaderas víctimas, el suplicio no moría con el verdugo.
Se quito de la vida desnudo de la careta con la que había engañado …
Pensó que despojándose del hábito impedía mancharlo. Tarde, muy tarde, para pensar en semejante cosa.
José A. Fernández Díaz