Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
El muy animal se dejó caer con los ojos cerrados , de espaldas al cielo y con la certeza bien alta de que la cabeza era el detonador y, al tiempo, la carga explosiva de sus sueños.
Dame un minuto -dijo antes de dejarse caer- , “ dame un minuto y te enseño a volar… a volar en mil pedazos. Dame dos y te explico a que sabe una mandarina comida al pie del árbol que la parió… Todo tiene su tiempo y su cadencia… de-cadencia que se hace violencia que pervierte virtudes inventadas. Si al final todo es mentira y el comienzo es el señor mentiroso que nos cuenta cuentos.”
Unos meses antes, acostumbrado a desflorar amaneceres se dio de alta en un página de contactos con la intención de encontrar a alguien con un reloj despertador de esos que tienen algo mas que antojos… y terminó por encontrar el colmo de sus desilusiones en un insufrible cuestionario que, muy probablemente, terminaría odiando antes de llegar al final.
Explicó al cuestionario como era la persona con la que intentaba llevarse bien a diario y contestó a duras penas y maduras reflexiones, como pudo, lo que no podía ser… Y es que aquello no podía ser; de tal manera que terminó por encerrarse en un inquietante circulo de reflexiones cuadriculadas. Llegó a cuestionarse su afiliación religiosa y sus creencias políticas, pero no desistió, mas bien terminó por llegar a conocerse… conocerse y reconocerse con el personaje con el que lleva paseándose cuarenta y ocho años.
Se escucho decir sin entender bien donde estaba el error: “dame un puto apoyo y te moveré la tierra”… El solo quería amar; pero amar sin ser amado. Había aprendido la idea de amor desde la mas pura base Platónica y nunca aceptó una correspondencia clara a su condición de enamorado suicida, casi siempre tribulante. Sin decidir un suicidio rotundo se ocupó de enamorarse algunas veces, convirtiéndose en un inexplicable superviviente de si mismo.
Concluido el cuestionario pulsó “enter”, con tanta lentitud que el ordenador tardó en dar una respuesta. Enviado…con eso tenía que conformarse.
Pasó el tiempo sin que hubiera una respuesta a su solicitud. Tal vez no se explicó bien. Poco acostumbrado a hablar de si mismo tal vez no acertó a definirse de manera clara… imposible. Las máquinas son muy inteligentes, coherentes y comprometidas… lo son igual que algunas personas que casi no son personas.
Pasaron los días y también las semanas que, juntas, hicieron meses hasta que un día se percató de que se había enamorado de la chica que aparecía en la portada de la página de acceso al servicio de contactos… También se percató de que aquello era una locura a la medida de sus sueños y fue entonces cuando terminó por concluir que había llegado el momento de morir enamorado.
Antes de hacerlo escribió un mensaje de despedida : “ dame un minuto y te enseño a volar… a volar en mil pedazos. Dame dos y te explico a que sabe una mandarina comida al pie del árbol que la parió…
José A. Fernández Díaz.