Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
No necesito un “buenas tardes” cuando aún me quedan reservas del último “buenos días”.
No necesito un beso de despedida para terminar de matar un amor roto.
No necesito una tarde de lluvia cuando la calle de mi ciudad está inquieta de primaveras.
No necesito ausencias cuando la soledad es una compañía pesada y que no se va.
No necesito un dolor de cabeza cuando tengo la cabeza en otra parte.
No necesito una erección cuando nada depende de mi ni de otros.
No necesito dinero manchado con las manos de corruptos galopantes en potros veloces.
No necesito rock and roll cuando tengo el cuerpo para improvisar una siesta.
No necesito luz de luna cuando estoy del lado donde brilla el sol.
No necesito dioses cuando se que las heridas sobre la carne de la historia depende solo de los hombres.
No necesito alguien que me explique cosas en las que ya soy capaz de no creer sin ayuda.
Insisto… no necesito políticos profesionales…
No necesito amores caducados por falta de uso o cerrados por peligro de derrumbe.
No necesito “sex on the beach” cuando el temporal trae olas de veinte metros … prefiero solo tequila.
No necesito un GPS para llegar al manicomio. Que vengan ellos a buscarme, si saben venir.
No necesito que Aurora sea Boreal, me conformo con su manera de estar desnuda.
No necesito mas personalidad que la que encontré en un paquete de galletas hace mas de cuarenta años.
No necesito razones para quitarme los zapatos pero si para ponerme las botas de montar … nata.
No necesito dormir dos horas seguidas cuando tengo la eternidad por delante.
No necesito colores cuando me cuentan películas en blanco, negro y para no dormir.
No necesito armas para matar cuando se que la muerte es una promesa a mano con tarde o temprano.
No necesito deudas de juego cuando le debo tanto a la vida.
No necesito saber para que sirve un millonario desarraigado del mundo que le parió.
No necesito saber rezar cuando la vida me ha sido infiel.
No necesito papel para escribir cuando estoy estreñido de ideas.
No necesito enemigos cuando los amigos no se reconocen ni ellos mismos como parte de la especie humana.
No necesito decir adiós cuando nadie se ofrece para ser el ultimo en salir y apagar la luz.
José A. Fernández Díaz.