Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Uff!, cuanta locura pero de la buena. Tu sin libertades contenidas y yo sin censuras de contrapeso… El mundo en que vivimos sin enquistados testigos inquisidores y las ideas con poca o ninguna ropa interior … Eramos cal para tual… ¿Por qué no?... puestos a reventar la realidad, dame palabras que yo, loco perdido, te hago escombros inútiles y pintorescos pero abundantes, con todo eso que parece no solo no tener sentido sino además … no servir para nada.
Y el vecino mira que te mira… te mira mientras observas el mundo pensar desde tu ventana, rabiosa de luz, abierta al fondo de la pantalla del ordenador, con el que te entretienes, desnuda sobre la cama. La mañana en clave de sol y la tarde con lluvias anunciadas que pueden ser o no ser … pregunta, he ahí la duda que probablemente nos encierre entre paredes escandalizadas con nuestro estar dislocado e incontenible.
Miedo me tengo, cariño, corazón… insensata, que me has contado como te gusta que te ame o que te deshaga en amor. Miedo soy cuando te miro desde los límites de la sala y me encuentro que eres el deseo en blanco y negro; lo que deseo con sabor a nostalgia de cosas no vividas o vivencias ajenas pero bien contadas en esas películas que nos gusta ver, retirados entre los restos de alguna que otra batalla. Uff!
Y el vecindario que no se cansa de oírnos decantar los mejores segundos de la vida una y otra vez. Y la vecina que me mira mal porque su marido, marino de profesión, arbitro a disgusto y cófrade por huir de casa, no le hace hacer lo que tu haces cuando hacemos lo que hace que se sienta abandonada a esa suerte suya que no es la nuestra. Y los perros de al lado que no saben ladrar y se dedican a gruñir malas canciones de amor dedicadas a nuestra locura, creo.
Si quieres te leo a Saramago y luego pecamos juntos. Luego me lees a Tagore y nos damos un respiro… Mas tarde con la respiración agotada, que es como mejor suena Baudelaire, lo hacemos en la bañera o en la alfombra mágica de la sala… Nos tomamos un café con canela y algo de tiempo para luego sentir llover sobre la piel de la tarde… hasta que la noche me enamore de ti un poco mas, entre luces de verdad y mentiras sin luz. Manzanas y un poco de vino, una vela perfumada con el tacto de tu piel y pronto la noche, queso y pan… y otro poco de vino hasta perdernos en los sentidos consentidos por la lujuria dibujada en las páginas de alguno de nuestros libros de cabecera. El jardín perfumado, por ejemplo… que como ejemplo es un lugar donde perderse para casi siempre. Y mañana… mañana, cosita, mañana será otro día con mas locura de la buena.
José A. Fernández Díaz.