Overblog Todos los blogs Blogs principales Estilo de vida
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

Publicidad

Había una vez

Había una vez
Publicidad

                Había una vez un hombre al que todo resultaba molesto e imperfecto, todo menos el mismo y  su mundo de titiritero clandestino, de agrio manipulador y artesano de cosas rotas.

                Había una vez un hombre incapaz de seguirse a si mismo, de ser fiel a su verbo, de querer por querer  y de amar por amar.

                Aquel hombre caminó hasta la playa. El cielo de la tarde anunciaba y prometía tormenta de esas de romper sueños en porciones de pesadillas. Al llegar a la arena miró a los lados…no había ningún ser humano, si algunas gaviotas. Se acercó a las olas y les gritó con rabia, con tanta rabia que se sintió orgulloso de si mismo, luego  hablo:

                “Amor, amistad…amor. Tanto hablar y escribir de cosas que no existen, paraqué?. Mundo estúpido hecho al revés. Ese dios con tantos nombres no tiene la menor idea…aunque importa poco cuando no crees en el. Pobres fieles que sujetan sus esperanzas a tamaña mentira… Estoy harto de no ser escuchado, de no ser seguido… yo soy ese dios, pero los estúpidos no se  atreven a creer en mi”…

                Ya en silencio, sacó de su mochila un cuchillo demasiado grande para casi todo; lo tomó con las dos manos, se arrodilló y, alargando el cuerpo, lo clavó en la arena, tirando luego hacia el. Hizo un largo corte sobre la arena hasta descubrir las entrañas de la nada. Poco a poco se hizo un surco lo suficientemente grande para meter casi toda la ignorancia… y lo hizo, metió la cabeza, hasta que dejó de oir el sonido del mar…

                Acomodada su cabeza en el interior del surco, se percató de que sus palabras eran solo para el. Entonces el resto del mundo fue feliz…

                José A. Fernández Díaz

Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post