Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Me gustaba su manera de despertar, como si tan solo hubiera cerrado los ojos para contar hasta diez. Y sonreía … era lo primero que hacía después de contar hasta diez. Despertaba y apenas tenía importancia que hubiera solo lluvia torrencial. Ella y su primer sonrisa del día se iban de paseo entre las sábanas para rescatar mi locura de entre los sueños soñados y quedársela hasta que la vida real, en las manos del reloj, se tomara la insoportable libertad de decir: “es hora de dejar de ser tu…”
Me gustaba ser yo mismo y a ella también. Un día le dijo adiós al yo que se iba a trabajar y a la vuelta descubrí que ella se había ido de paseo a otros sueños. Mis sueños se fueron muriendo poco a poco, hasta que un día desperté en el centro mismo de mi falso yo. Me miré y decidí abandonarme para siempre.
José A. Fernández Díaz.