Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Algunas veces los hilos que sostienen el peso de la realidad son héroes anónimos, superhéroes sin nombre propio.
En las páginas escritas y no escritas del diario de Alicia es posible encontrar respuestas a preguntas que ella no se atreve a hacerse. Seguramente Raúl terminaría por considerarse un culpable privilegiado, escritor de cientos e cartas con las que ella, Alicia, iluminaba sus silencios y soledades.
“Decidida a huir para no explicarme , para no terminar siendo un manojo de miedos insanos , abandoné mi pueblo para confundirme en esta ciudad donde todos somos una pieza prescindible y sin vida propia. Suponen, supone Raúl, que aquí apenas vivo unos meses al año y que me dedico a buscarme en otros lugares… y lo hago, pero sin dejar de ser parte innecesaria de este paisaje. Los viajes que no hago son sueños que él, Raúl, ilustra con cada una de sus cartas…”
“Nos seguimos sin ir a ninguna parte. Lo curioso es que avanzamos lentamente, pero avanzamos. El primer otoño en este lugar me enseñó a extrañarlo tanto que gravé sobre la piel de mi sexo el primer brote, el joven tallo del que tal vez nacerían rosas. Y nacieron y el tallo se hizo mas fuerte. Me gusta recordar la manera en que miró mi tatuaje por primera vez. Una tarde cualquiera de las primeras de agosto, la luz viva, imparable, atenuada tan solo con algo de esperanza tras una densa cortina marrón, hace nueve años seguramente, piel a piel nos miramos y nos recorrimos entretenidos en un larguísimo beso tan interior, tan íntimo que no cabían las palabras. En mi diario describía aquella misma noche, en dos líneas, lo que había sido aquel día… “ Cansada de huir sin ir a ninguna parte hoy he sentido que mi camino de ida y vuelta tiene un guía que sabe hacerme florecer”…
“No se, no sabe… no sabemos que hago aquí, en mi ciudad inmensa. Se que no quiero volver para quedarme. Se que no quiere salir para dejar de pertenecerse. No se si sabe que no acierto a saber que hacer con mis viajes inventados, inventados por él. Se que mi vida hecha de piezas rotas está construida para alimentarse de nostalgias y poco mas hasta que estoy con el.”
Alicia tiene un lugar vivo para compartir, que llama verano, y una zona inaccesible donde refugiar sus miedos y dejarse florecer. Alguna vez en sus viajes inventados encontró que, curiosamente, él nunca pidió una foto o un recuerdo de los lugares donde ella debería haber estado.
Lo que Alicia no sabia era que ambos compartían la magia de aquel hueco inaccesible. Sabían que existía y donde estaba pero decidieron que con los veranos eran capaces de hacer florecer rosas con mentiras de colores, para sobrevivir en el gris de la verdad.
José Angel Fernández D.