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19 diciembre 2016 1 19 /12 /diciembre /2016 23:22
Fotograma

Fotograma

Puestos a desmontar la vida, a ella y a el y al destino, terminaron por faltarles herramientas.

Decididos a trasladarlo todo a otra parte, encontraron que la otra parte no los esperaba.

Despiertos tras el relámpago, roto el sueño, dedicaron tiempo a contarse menos mentiras.

Mientras llovía sin parar… se pararon a pensar cuantas veces habían bailado bajo la lluvia.

Olvidaron lo inútil, por mutuo acuerdo; pero no supieron concluir si habían acordado olvidar por mutuo acuerdo o por mutuo acuerdo olvidar.

Acostumbrados al sol… amanecieron esperando a que se pusiera la luna.

Acordaron adelgazar para estar mas juntos y luego se encontraron con que aquellos dos extraños querían estar con otros.

Ella dijo ¡ben! y el respondió ¡ya boy!… Por culpa de la ortografía no llegaron a ¡berse!...

Descubrieron que las canciones de amor están llenas de monotonía; tal cual el amor visto por los vecinos.

Aburridos de esperar a que llegara la primavera, se fueron de paseo por la luna.

Cansados de amar a otros, entretanto, plantaron cara, entretanto, y se confesaron infieles, entretanto.

Adoradores de la tecnología, aparcaron sus naves al pie de un magnifico árbol, donde no pudieron recargar otra cosa que las esperanzas.

Ella y el eran como el y el o como ella y ella, mal mirados desde la distorsión natural del cristal anacrónico y sin limpiar.

Desgraciado el y desgraciada ella, iban por la playa dejando un efímero rastro en la arena con la arena de sus bolsillos.

Al darse la mano notaron inmediatamente que ambos no habían usado guantes para trabajarse la vida.

José A. Fernández Díaz

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14 noviembre 2016 1 14 /11 /noviembre /2016 01:19
Prohibido corregir

                El con siete años bien cumplidos y dos lagrimones deslizándose cara abajo, sin remedio, una súbita tristeza y un puñado de palabras, casi ininteligibles entre, sollozos.

                Ella, entre los diez y los doce… demasiado tímida para reconocerlo y sobradamente valiente para desconcertar a cualquiera, adornada con un bigotazo de cacao y una melena imposible.

                Ella y el se dicen y se cuentan hasta que, por la razón que sea, es ella la que decide poner fin a aquel llanto diciendo, sin mas: “que tragédico eres”…

                En todo caso el no abandonó su llanto, “tragédicamente”, hasta que en la tele encontró cura para sus males.

                Entretanto y sin que apenas  exista un tiempo para percatarse, se van pasando los años de inocencia y fantasía…

                José A. Fernández Díaz

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10 noviembre 2016 4 10 /11 /noviembre /2016 00:18
Odio

               Ella se sorprendió cuando escuchó hablar  a un hombre que solo, al pie de un árbol herido de otoño, miraba al fondo de la nada…

                -“Odio cosas. Odio las cáscaras vacías que crujen con el peso de la lógica y miradas insanas que no se soportan a si mismas…. Y odiar no es bueno, me han dicho algunas de esas cáscaras vacías. Pero yo odio de alguna manera muy personal y pacífica, sin ir muy lejos y sin que apenas se me note.  Odio, por ejemplo, los falsos días grises y mucho más aún a los falsos días de luna llena… que son noches desvirtuadas. Y odio odiar porque no lo se hacer bien.

                Odio personas, que son cáscaras vacías, que crujen con el peso de la lógica… vacías hasta doler de tanto eco… y odiar no es bueno … me lo han dicho algunas de esas cáscaras vacias. Pero yo no se odiar bien y no hago nada para remediarlo.

                Odio al iluso que soy, al ignorante que no soy capaz de superar, al soñador que nada sabe de lo dura que es la realidad … odio no entenderme, no saberme, no cambiarme… y no hago nada para remediarlo…”

                Ella  se dejo caer de cansancio poco antes de llegar al pie del árbol…

                “Yo,  señor, soy el odio  que no se entiende… ¿cree usted en el odio a primera vista?...

                José A. Fernández Díaz

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3 noviembre 2016 4 03 /11 /noviembre /2016 01:07
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Amanezco sin retorno

Pienso

Cierro los ojos y me miro desde dentro

Pienso

Ella duerme a mi lado

En su lado

Sin otra frontera que,

Mi condición de hombre despierto

Su condición de mujer dormida

Ambas provisionales e inútiles

En caso de apocalipsis.

Pienso

La pienso

La siento dormir a mi lado

Feliz tal vez

Tal vez feliz

Pienso

Echo de menos lo que tengo de mas

Me falta la lluvia

Lluvia de esa que huele a libertad

Casi siempre…

Solo algunas veces…

Huele a prisión provisional.

Pienso

Las ideas me dejan solo

Frente a frente con la salida de emergencia

En la oscuridad

De mi gran inconsciencia.

Duerme

Ella duerme

Pienso

Yo pienso…

Yo,  estúpido insomne

Consumo mis sueños despierto

Despierto

Mirando la hora que duele

Que va deprisa

Sin demasiadas razones

Para quedarse…

Cuando existe una sentencia firme,

Una condena irrevocable…

Con sabor a muerte.

Pienso

No tiene sentido ir en dirección opuesta,

Tarde o temprano

Terminaré encontrándome  con mi yo

Que no tiene miedo,

Mi yo avergonzado

De soñar despierto

De Pensar

Despierto…

José Angel Fernández Díaz.

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25 octubre 2016 2 25 /10 /octubre /2016 01:10
Fotografía de Werner Bischof

Fotografía de Werner Bischof

                Atrapado en la naturaleza de lo simple, sin lugar para ningún tipo de duda trascendental,  se entregó a la debida contemplación de lo que pasaba por las inmediaciones de sus sentidos.  Se dedico a oir, ver, tocar, degustar, oler… y con las piezas hacerse,  de vez en cuando, un par de ideas  sobradamente intrascendentes e inútiles.

                Pues bien… amanecía un día de esos que prometen luz y colores de sobra… y mucha rabia para perdérselo encerrado en un despacho, ocupado por demasiados teléfonos, una radio terriblemente sintonizada, una luz sucia fruto de unos cristales poco transparentes, miles de papeles donde la vida se contaba desde una perspectiva demasiado tangible para que todo tuviera un poco de sentido y aquel cuadro, aquella puerta secreta de salida al mundo de los sueños.

                Por la ventana abierta entraba un puñado de olores y ruidos que,  todos  juntos,  eran capaces de abrir la puerta de salida enmarcada en la pared.

                Olía a pan y a colonia barata y  de toda la vida. Sonaba a tacones sorteando las grietas entre los adoquines y conversaciones perdidas en la distancia, a pájaros alegres y algún llanto infantil… La luz que alcanzaba la ventana avanzaba los ecos de un día estupendo porque olía a una extraña mezcla de otoño y primavera.

                Al pie de la ventana un dialogo se hizo protagonista del escenario. Una pareja muy joven  prometía imposibles  y se acariciaba a base de verbos y miradas.  Ambas mujeres hablaban en verso o eso parecía porque para cuando la curiosidad quiso poner rostro a la pareja, decidieron alejarse en prosa, cogidas de la mano como si,   afortunadamente,  el que dirán importara la mitad de un bledo. En aquel momento sobre el cuadro se había posado un rayo de sol que apuntaba al contorno de lo que siempre se le antojó un ojo vertical mirando como el mundo aprendía a ponerse de pie… o, por qué no decirlo, un sexo abierto al placer de ser visto y mirado.

                Detalló en una espiral dibujada en negro y con fondo rojo. Detalló tanto que se alejó de su presente a medida que viajaba al centro del dibujo… y se dejó llevar hasta que encontró que además tenía banda sonora. En la radio sonaba aquello de “quizás, quizás … quizás”  y se encontró tarareando de camino a un lugar cualquiera del tiempo que había vivido y en donde había amado hasta perder nortes y otras cosas. Había amado en secreto y deseado en secreto… como si estuviera enfermo de algo terriblemente contagioso. Parecía imposible que la mas hermosa historia de amor que entonces conocía y que tenía acurrucada entre el manifiesto comunista y un tomo del capital de Marx, resultaba increíble que Romeo y Julieta, fuera tan real… Ella, hija de un alto cargo del régimen, al que había visto saludar como lo hacía  Hitler, olía a primavera, a rosas y parecía flotar sobre las calles adoquinadas.  No podía olvidar aquella tarde en que escuchó su voz por primera vez y mucho menos el sabor del pan que había partido con sus manos para compartir con el…

                El sabía que muchas cosas estaban prohibidas… Aquellos libros suyos eran peligrosos pero de su padre había aprendido a saber por que creía en una cosa y no en otra, a prendió a ser coherente y reflexivo, solidario y también a sacrificar lo que tanto amaba porque no era para el… El padre  hablaba de socialismo, de pablo Iglesias, del compromiso…

                En la radio, de repente, se detiene la banda sonora y se ofrece una noticia de última hora: El PSOE acuerda que en una segunda vuelta se abstendrá para facilitar un gobierno del PP…

                Recordó a su padre, recordó cuanto había luchado por aquellas ideas, aquel amor perdido, aquellos años de hambre y miseria intelectual… recordó que había votado por el cambio y ahora a cambio de su voto, de su voluntad recibía las cenizas de una idea para todos.

                José Angel Fernández Díaz. 

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18 octubre 2016 2 18 /10 /octubre /2016 01:14
Fotograma  de la Guerra de la Galaxias

Fotograma de la Guerra de la Galaxias

               Justo al mismo tiempo en que encontró su imagen reducida al cuadro del espejo se percató de que un generoso rayo de luz se había posado sobre la cama vacía. Ella se había hecho memoria y el, un puñado de pedazos hechos de un cuerpo extraño a todo cuanto hubiera conocido antes. 

                Fruto de un pasado imperfecto se hizo un lugar con vistas a un futuro de dudosa calidad, anclado en un presente poblado  de ausencias y poca cosa mas. Con la esperanza de no perderse solo en las noches, se hizo con,  carnes y huesos, una esperanza en forma de mujer y se permitió caer en el amor periférico, asintomático y decadente… Se precipitó al vacio hasta darse un golpe mortal contra las piel dura de la soledad… una noche de luna llena; aquella noche de luna llena sin “cualquiera”.

                Lo había perdido todo juagando a ser el hijo de un dios mas o menos menor y roto. De paseo por el futuro encontró que no había nada nuevo bajo los soles que a duras penas alumbraban la vida incuestionable pero con tendencia a desfallecer, de la que  el se había hecho  parte… Muy a pesar de la tecnología, aquello tenía pocos días por contar. Había equivocado la opción. Decidió viajar al final del mundo pensando que todo iba a ser mas fácil…Y lo primero en abandonarlo fue aquel sucedáneo de amor hecho a medida, en el que apenas creía creer.

                Si  ella no le hubiera pedido la luna, en aquel pasado confuso y olvidado, jamás hubiera pensado en viajar al futuro. Pero lo hizo, se ocupó de encontrar un lugar donde desdibujarse en el presente para reaparecer en cualquier lugar  sin una luna cualquiera, mucho mas allá del pasado … al final del futuro.

                ¡Pfffffff, chisssssss!... La puerta del bus rompió en pedazos un sueño mágico y casi romántico…

                José Angel Fernández Díaz.   

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13 octubre 2016 4 13 /10 /octubre /2016 00:18
Imagen encontrada en internet

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Las mujeres

Me gustan Intensas y seguras de que los sueños pueden hacerse realidad.

Me gustan dispuestas a ser dueñas y no esclavas de ninguna condición.

Me gustan capaces y de verbo encendido y soportado sobre los cimientos de los hechos.

Me gustan ajenas a los inventos que las hacen la causa de otros.

Me gustan guerreras y guerrilleras.

Me gustan idealistas y románticas.

Me gustan realistas y republicanas de esas que ya no creen en príncipes azules  ni de otro color.

Me gustan dueñas de su cuerpo y de la libertad para compartirlo.

Me gustan conformes y sumisas con y de  la rabia que llevan dentro y las ganas de luchar.

Me gustan alegres y simpáticas cuando encuentran que quien dice que las entiende también las comprende.

Me gustan rubias, morenas, pelirrojas, calvas,  gordas y flacas, negras, blancas y amarillas… pero no invisibles, NUNCA INVISIBLES.

Me gustan frágiles y delicadas, porque esa es la grata esencia que las hace dueñas de la belleza y, por desgracia, esclavas del cancerbero.

Me gustan enfermeras, fontaneras, abogadas, cocineras, mecánicas, políticas …

Me gustan las que se gustan como son y las que se resisten a ser como creen que  los otros quieren que sean.

Me gustan libres y pasionales  con todo por hacer.

Me gustan las mujeres que no tardan en decir “no” cuando “no” es el único camino.

Me gustan las mujeres que no tardan en decir “si” cuando “si” es solo una alternativa.

Me gustan las mujeres que dicen lo que piensan sin pensar… porque ya lo tienen pensado.

Me gustan las mujeres que hacen de los hombres un complemento perfecto  de la otra mitad imprescindible.

Me gustan las que gritan “basta” ,  sin miedo o con miedo ,  a la cara del machista maltratador y cobarde, que pretende hacerlas esclavas.

Así me gustan las mujeres.

José A. Fernández Díaz 

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10 octubre 2016 1 10 /10 /octubre /2016 00:43
Reflexiones desencadenadas

De tanto tontear perdió el norte…

                La fe mueve montañas pero,  desde mi tontería,  te aconsejo que no te sientes a esperar… La vida es eso que sucede mientras esperas a que pasen cosas,  no?...

                 El fin justifica los miedos… Si, los miedos. El miedo me ha llevado a muchos desvíos apasionantes… y a rincones donde la gente aprovecha para cagarla.

                Las apariencias tienen forma de confusas realidades que no se parecen a la realidad que si no es cierta lo parece… o algo asi.

                Los hombres de verdad llevan una mujer dentro… Los otros piensan que las mujeres son piezas que adornan el paisaje exterior… todo esto desde su ridículo universo poblado de cosas de hombres.

                Las hembras que hacen hombres no siempre saben que esos hombres, algunas veces, terminan enfermos de tonto machismo.

                Algunas veces he estado solo como la una y me ha gustado tontear con los minutos esperando a las dos y luego deseando que no llegaran las tres … eso es multitud.

                Me gusta cuando callas porque te noto menos; pero me gusta mas cuando vuelves porque entonces se me caen los silencios por entre las rendijas de la soledad…

                Si tu me dices bien lo dejo todo. Si no me dices bien , entonces, vuelvo a empezar con la esperanza a flor de piel.

                Cuando llueve sin parar se me antoja pensar que por fin la realidad depura penas y culpas a base de torrentes de lágrimas… que tontería mas grande, verdad?... la realidad no sabe llorar.

                Una verdad de las de verdad siempre tiene alguna fisura por donde se cuelan pequeñísimas mentiras de verdad. La verdad es cosa de la imaginación y ya se sabe  que pícara puede llegar a ser la imaginación.

                Un político es algo mas que un hombre o una mujer poblados de ideas. Un político no es lo que era cuando las ideas tienen precio y cuando el coste lo asume el iluso que cree lo que no ve… tal como sucede con las religiones.

                Me gustan las mujeres que llevan un hombre dentro. Tienen ese aire de esperanza que tanto bien hace a la poesía. Y me gustan mas  las mujeres que llevan otra mujer dentro porque ellas son razón … y poesía.

                Perdido el norte, en un lugar de Portugal, pregunté a una atenta señora que, como mejor pudo, me explicó que al norte la gente comenzaba a distorsionar la manera de hablar hasta comunicarse con una lengua llamada castellano… Decidí quedarme a reflexionar y a sopesar las ganas de seguir perdido de manera indefinida.

                De tanto tontear perdí la costumbre de no tontear. Me rompí en pedazos de cosas sin sentido ni dirección.

                José A. Fernández Díaz.

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3 octubre 2016 1 03 /10 /octubre /2016 01:05
Mandarinas

                El muy animal se dejó caer con los ojos cerrados , de espaldas al cielo y con la certeza bien alta de que la cabeza era el detonador y, al tiempo, la carga explosiva de  sus sueños.

                Dame un minuto  -dijo antes de dejarse caer- , “ dame un minuto y te enseño a volar…  a volar en mil pedazos. Dame dos  y te explico a que sabe una mandarina comida al pie del árbol  que la parió… Todo tiene su tiempo y su cadencia… de-cadencia  que se hace violencia  que pervierte virtudes inventadas. Si al final todo es mentira y el comienzo  es el señor mentiroso que nos cuenta cuentos.”

                Unos meses antes, acostumbrado a desflorar amaneceres  se dio de alta en un página de contactos con la intención de encontrar a alguien con un reloj despertador  de esos que tienen algo mas que antojos… y terminó por encontrar el colmo de sus desilusiones en un insufrible cuestionario que, muy probablemente, terminaría odiando antes de llegar al final.

                Explicó al cuestionario como era la persona con la que intentaba llevarse bien a diario y contestó  a duras penas y maduras reflexiones, como pudo,  lo que no podía ser… Y es que aquello no podía ser;  de tal manera que terminó por encerrarse en un inquietante  circulo de reflexiones cuadriculadas. Llegó a cuestionarse su afiliación religiosa y sus creencias políticas, pero no desistió, mas bien terminó por llegar a conocerse… conocerse y reconocerse con el personaje con el que lleva paseándose cuarenta y ocho años.

                Se escucho decir sin entender bien donde estaba el error: “dame un puto apoyo y te moveré la tierra”… El solo quería amar; pero amar sin ser amado. Había aprendido la idea de amor desde la mas pura base Platónica y nunca aceptó una correspondencia clara a su condición de enamorado suicida, casi siempre tribulante. Sin decidir un suicidio rotundo se ocupó de enamorarse algunas veces,  convirtiéndose en un inexplicable superviviente de si mismo.

                Concluido el cuestionario pulsó “enter”,  con tanta lentitud que el ordenador tardó en dar una respuesta. Enviado…con eso tenía que conformarse.

                Pasó el tiempo sin que hubiera una respuesta a su solicitud. Tal vez no se explicó bien. Poco acostumbrado a hablar de si mismo tal vez no acertó a definirse de manera clara… imposible. Las máquinas son muy inteligentes, coherentes y comprometidas… lo son igual que algunas personas que casi no son personas.

                Pasaron los días y también las semanas que, juntas, hicieron meses hasta que un día se percató de que se había enamorado de la chica que aparecía en la portada de la página de acceso al servicio de contactos… También se percató de que aquello era una locura  a la medida de sus sueños y fue entonces cuando terminó por concluir que había llegado el momento  de morir enamorado.

                Antes de hacerlo escribió un mensaje  de despedida : “ dame un minuto y te enseño a volar…  a volar en mil pedazos. Dame dos  y te explico a que sabe una mandarina comida al pie del árbol  que la parió…

                José A. Fernández Díaz.

 

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23 septiembre 2016 5 23 /09 /septiembre /2016 00:56
Primer día de otoño en el laberinto

                No fue hasta la tercera cita cuando confesó, el confesó, que en realidad estaba convencido  que ella era fruto de una recurrente  imaginación, acorde a una vida con miedo al camino de ida de los días…

                Convencido de que Carolina no era de verdad, se permitió el lujo de ahorrar en palabras y gestos,  para malgastar en tortuosas elucubraciones a desmano.

                Carolina confeso, defraudada, que creía haber encontrado a un hombre capaz de estar, sin pretender convertirse en el centro de ningún universo… atento y con ganas de escuchar, pretendidamente ajeno a las farsas y a las construcciones predeterminadas… previsibles.

                Y ahora qué?...

                 Ahora toca escucharnos como esencia, dijo Arturo. Y dijo mas,  pero Carolina, atenta a sus pensamientos desbocados, solo miraba la piel cálida de un día cualquiera que se colaba por la ventana.

Conoces a alguien en el infierno?  –se escuchó decir Carolina-

                Claro que si… casi todos mis buenos amigos están allí y seguramente algún enemigo también.

                Sabía que eras tu quien estaba hecho de mentiras. Yo soy el infierno y no tienes ni idea de cual es el color de mis ojos. Di un color sin mirar… atrévete.

                Eso lo se. Los tienes mezclados con un peligroso encuentro entre azul y verde… ahí he caído muchas veces.

                La verdad es que la tarde discurría amena y placentera, para tratarse del último día de verano, el sol se entretenía entre las hojas verde fosforescente y el suelo estaba algo salpicado de otoño… poco,  pero saltaba a la vista lo que estaba por venir.

                Cuando Carolina y Arturo iniciaban un estruendoso acercamiento con un  inminente beso como objetivo, la hermana Aurora se plantó casi etérea entre ambos para aludir a las normas de la casa… que,  como casa,  estaba mal definida,  pues en sus laberintos se escondía una prisión donde estaban atrapados los dominios de cierta virtud   mal llamada “locura”.  A los pobladores de tan curiosa casa se les prohibía ser… Tenían permitido estar, estar sin mas y en espera de que el milagro de la mal llamada “cordura”  terminara por hacerse cargo de los enfermos, hacían de la paciencia una ciencia al servicio de la autodestrucción.

                Nos queremos, hermana Aurora… nos queremos porque no somos de verdad. Nos hemos inventado el uno a la otra y la otra al uno. Usted sabe bien que ninguno de los tres tenemos vida mas allá de los límites del laberinto. La que era nuestra se quedó en un diagnóstico,  que asocia el comportamiento que nos mueve con una enfermedad que hace de cuanto somos un peligro para el mundo real. La que era suya se la ha entregado a una manera de leer el mundo que resulta ininteligible para quienes saben que están de paseo por un campo de exterminio… porque usted sabe que está condenada a muerte, verdad?... e insiste en hacer de la cosa esa que nos convierte en historia, un suplicio que comparte con los demás…

                Saldremos hermana, para amarnos hasta la cordura, mientras tanto, aquí en el infierno podemos intentar hacer de las normas un juguete roto. Nosotros que amamos el calor de la piel e imaginamos la una confundida con la otra, aún aquí en el infierno, recomendamos que mire con algo mas de lujuria al todo y que mire para otro lado cuando se trata de elementales enajenados que nada tienen que perder… nada mas que la locura como divino tesoro.

                José A. Fernández Díaz      

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Presentación

  • : El blog de atrapado-en-la-esquina-verde
  • : Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
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  • Invasor atrapado en el territorio sin límite de los sueños y lo políticamente incorecto... Eterno indignado y perverso militante de causas pervertidas.
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