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22 febrero 2013 5 22 /02 /febrero /2013 20:04

corazon.jpg

-¿Me quieres?...

-¿por qué?...

-¿Cómo por qué?...

-Si, ¿por qué?, por qué tienes que preguntar, es que acaso no se nota?...

-Me gusta escucharlo.

-¿No te basta con sentirlo?

-No te entiendo…

- Y tu, ¿me quieres?...

- ¿Lo dudas?...

-No. Pregunto igual que tu lo has hecho. Es lo mismo…

-Yo me conformo con los hechos…

-Es distinto.

-Claro. Tu  me quieres porque yo soy capaz de sentirlo; pero a ti te hacen falta mis palabras…

-Yo se que te quiero…

-Y, ¿cómo lo se yo?...

-Tu lo sabes, ¿no?...

-Te lo he preguntado porque me hacía falta preguntarlo…¿Me quieres?...

-¿Por qué?...

-¿Cómo por qué?...

-Si, por qué, por qué tienes que preguntar…¿ es que acaso no se nota?...

José A. Fernández Díaz.

 

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16 febrero 2013 6 16 /02 /febrero /2013 23:33

                diana.jpg

               No sé bien en qué año sucedió, pero lo cierto es que nuestra vida, la de mi hermano, mis padres  y la mía, cambió. Recuerdo a mi padre con ella en los brazos;  tan pequeñita y peluda. Nos dijo que era un pastor alemán; pero  no se parecía a los que yo conocía o había visto alguna vez, y es que Diana era especial, era albina… No sé bien por qué decidimos llamarla así, Diana, pero me gustó que tuviera un nombre de persona, al fin iba a ser parte de nuestra familia.

                Diana se hizo dueña de nuestro hogar inmediatamente. Crecimos juntos, inventando juegos y travesuras; una de estas últimas,  cabreó a mi padre, tanto que decidió llevarse a nuestra perra a su taller, que en realidad no estaba demasiado lejos del piso donde vivíamos. Llevaba con nosotros una o dos semanas y, como es lógico, provocaba grandes problemas. Una mañana se la llevó para que viviera en su taller. Para verla tendríamos que visitar el lugar de trabajo de nuestro padre. Lo curioso es que pocas horas después estaba de vuelta en casa, en un séptimo  piso, una manzana más allá del taller de mi padre… y sola, completamente sola.  Huyó sin que mi padre se percatara, buscó el edificio, esperó a que alguien abriera la puerta, se coló y subió hasta nuestro piso, allí ladró hasta que mi madre, perpleja, la encontró al otro lado de la puerta…  Fuimos infinitamente felices al volver del colegio. Todos entendimos que aquella era su casa y que nosotros éramos su familia, para siempre.

                Llevábamos a Diana con nosotros  siempre y este siempre suponía que nuestro coche  fuera siempre muy grande. Diana se convirtió rápidamente en un hermoso ejemplar gris  muy claro y de pelo largo y sedoso, cariñosa e inteligente en extremo… con una mirada inolvidable. Un día tuvo un collar,  con una pequeña placa en la que papá escribió Diana, un collar que jamás estuvo unido a una cadena…

                Una noche  cualquiera hace más de treinta años mis padres decidieron volver a España; volvíamos todos, Diana, que ya era mayor, también, claro. Entonces nuestra perra estaba un tanto pasada de kilos y nos tocó ponerla a dieta. Recuerdo que la acompañé  en aquella novedad. Cuando nos tocó viajar lo hicimos con algunos kilos de menos… Mi billete costó lo mismo el de Diana nos resultó muchísimo más barato. Cuando nos reencontramos en Vigo, lloramos mientras nos relataba a su manera el suplicio por el que había pasado,  metida en una jaula, de avión en avión. Nos acompañó en un largo viaje en coche hasta Ferrol y luego a Valdoviño…

                La recuerdo campando a sus anchas alrededor de la casa de mis padres, feliz entre árboles y pisando la tierra fresca tapizada de mil verdes… la recuerdo durmiendo al pie de mi cama como lo hacía en Caracas.

                Una mañana amaneció especialmente cansada… le ofrecimos todos los mimos y cariño del que fuimos capaces… una mañana, gris y fría de invierno nos dejó… Yo tenía 19 años, Diana, había acompañado mi niñez, la dura adolescencia y momentos inolvidables en los que nunca faltó aquella compañía, aquel  saber estar siempre, aquella forma de mirar… Nos hirió su ausencia con un dolor que duró mucho, mucho  tiempo…

Hace algún tiempo me encontré, en el desván de la casa de mis padres,  con aquel collar donde papá había  escrito “Diana”… Una ola de recuerdos me alegraron el día… Diana,  llenó  buena parte de mi vida con fidelidad y cariño sincero y gratuito.   

José A. Fernández Díaz

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16 febrero 2013 6 16 /02 /febrero /2013 11:45

          aguas-mansas-3.jpg

          Sentir, Pensar…

          Una cosa y también la otra; cada una en su lugar y, algunas veces, en el lugar de la otra... sentir y pensar pueden ser el complemento perfecto cuando viajamos velozmente hacia ninguna parte. Sentir, sentir con el pensamiento erecto...pensar, pensar con el sentimiento a ras de piel...

            Y las dos juntas…también… y puede que tal cosa, tal conjunción, inspire poesía, puede, o una noche interminable, maravillosamente inmensa de sensaciones contadas cara a cara, sentidas y consentidas, miradas y respiradas…

            Los tiempos que marcan nuestro ir y venir alejan muchas veces, tantas y demasiadas, el sentir del pensar y el pensar del sentir… Sin querer aprendemos a perder oportunidades y dejar escapar colecciones de caricias a la realidad…

            Sin querer puede que  dejemos de pertenecernos, sucederá cuando tengamos que pensar en sentir…

            José A. Fernández Díaz

 

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15 febrero 2013 5 15 /02 /febrero /2013 21:32

                 Vicios_1-1-.jpg                Fueron tiempos de locura y desasosiego… de lujuria y perversas lecturas, sin ganas de parar; de piel  ajena para apagar ardores confesables de fuegos repetidos… fueron días  y noches construidas con  sabores y olores inolvidables, recorriendo sentidos propios  y rematadamente ajenos, tuyos más que míos…

                Eras piel que sabía a vino dulce, a hoguera de maderas perfumadas, a libertad pactada y prisión preventiva… y no sé  si te quería porque me querías o porque sin que me quisieras quería quererte…  Creo que te quería porque me querías… creo… y porque olías a hierba de esa que sabe a felicidad…

                Fueron tiempos de locura infundada… de la buena, de esa que no está encerrada en manicomios concertados  y subvencionados con kilowatios de electroshock  a gusto y disgusto de buenos y malos conductores…

                Fueron tiempos de memoria perdida entre ruidosas nubes de humo, de la felicidad artificiosa, inventada a mano… de locura paradisiaca y pasajera… de esa que un día se fue, como el antojo de una piel deseada…

                José A. Fernández Díaz.

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14 febrero 2013 4 14 /02 /febrero /2013 21:59

                equipo.JPGBuena noche, la pista a rebosar…

                Había comenzado mi segunda sesión. Casi nunca improvisaba. Mis mezclas eran fruto de trabajo e imaginación y mucha ilusión. Me gusta la música y si está hecha para llegar con rapidez a los sentidos de quien la escucha, mas aún.

                Aquella historia mia con la música ya duraba unos años y lo curioso  es que no me cansaba jamás de intentar nuevos retos con las mismas canciones.

                El rito: llegar a la cabina, ordenar mis discos, encender el equipo, platos y mesa… extraer el primer disco y pincharlo siempre en el plato de la izquierda, ajustar los audífonos, levantar el volumen del primer plato, verificar la ecualización y lanzar, por fin,  al silencio de la sala, hasta romper lo en pedazos… desenfundar otro disco dejarlo sobre el plato, apoyar la aguja, monitorear, jugar con el pitch hasta encontrar la velocidad justa, buscar el lugar adecuado y subir poco a poco o rápidamente  el volumen de salida hasta crear una nueva sustancia… luego dejar desaparecer la primera canción sin que se note y buscar otra para seguir adelante…

                Había comenzado muy fuerte. Los bajos entraba y salían con violencia mientras sonaba “megatron man” “menergy”… Patrick Cowley llenaba pistas, Sylvester, “you make me feel”, “do you wanna funk”… era disco en estado puro… Todos bailaban y celebraban  cada mezcla  con gritos y aplausos… Todos bailaban … pero ella no.

                Aquella mujer me miraba desde el centro de la pista, como si no hubiera música, como si estuviéramos solos. Morena de ojos negros brillantes , delgada, de curvas breves  y labios generosos para la risa y también para los besos seguramente…  Hermosa, aquella mujer no bailaba…

                Apagué el plato que sonaba y mientras el tema que tenía en el aire se iba muriendo poco a poco entre sus últimos estertores,  comenzaba a subir con fuerza  “dancing with myself” …. Luego fue B52s, Men at work…. New Wave, sin mas y la pista convertida en una locura que subía y bajaba inundada por las luces giratorias y  estroboscópicas… Todos bailaban con pasión… todos menos aquella mujer, que me miraba a los ojos, atravesando reflejos, destellos y oscuridades… no bailaba …

                Resignado, comprendí que había llegado la hora de la música lenta… Con una frenazo en seco y una ráfaga de eco puse fin a aquella locura… había llegado el tiempo de abrazos y calores compartidos … Puse a girar “Total eclipse of the heart”…. Y me disponía a abandonar la cabina cuando me encontré otra vez con aquellos ojos… esta vez me invitaban junto con un maravilloso gesto de sus brazos a bajar a la pista… No lo dudé. Me aproximé, la abracé mientras me decía al oído, “creí que no ibas a venir “… Me escuché decir: “acabo de entender por que tenía que hacerlo”… y la música sonaba y sonaba sin parar….

                José A. Fernández Díaz

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7 febrero 2013 4 07 /02 /febrero /2013 00:12

                Ha staying-alive_170332_6833-1-.jpgsucedido otra vez, una vez más. Parece que me persigue la sombra de Tony Manero. Su mirada es la mía a pesar de los años... Esta vez la cosa ha sido una extraña mezcla de ilusión y desconcierto, de desasosiego e inquietud…

                Si hace muchos años una chiquilla, encontraba en mi mirada,  aún joven, el vivo reflejo de la de Tony, ahora me cuenta una madre del colegio al que van mis hijos, que su marido está de acuerdo en que mis ojos son los de Manero, de Tony Manero… su marido “me ha mirado a los ojos y sonriendo ha dicho mi nombre…”, hasta llegar a esa inquietante analogía Tony y yo, yo y Tony…

                Tony ha envejecido bien, lo ha hecho sin desgaste, querido admirador; yo he sido víctima de un ataque,  casi mortal,  de alopecia y sobrepeso compulsivo… Tony es lo que era; lo he visto  hace bien poco,  otra vez… la misma película, el mismo chaval machista y egocéntrico… y no ha mejorado mucho en la continuación (Staying alive)… eso sí, mas musculado y calzando o embutido en  unos  leotardos o legins  apretaditos a rabiar… No me veo yo sometido a la presión de  semejantes  vestiduras,  que no harían mas que poner en evidencia el resultado devastador de una vida dedicada a los placeres sin normas ni medida.

                Se me antojó mas asequible en la primera parte… luego se le subió a la cabeza esa extraña idea de que sabía bailar como nadie…

                Reconozco haberme sonrojado al saber que esa mirada mía aún tiene tirón… el azul sigue estando de moda.  Temo, eso sí, haber inquietado los sueños de ese sincero admirador. Al fin lo que de verdad importa es gustar… y si le gusto qué?... Ha hecho que me sintiera joven y peligroso, tanto como una pizza acabada de sacar del horno…   yo tengo las cosas claras, difusas pero claras, opacas pero claras… claro, y parece que él tampoco tiene dudas… su mujer ya lo sabe, el se lo ha dicho… la mirada de Tony Manero sobrevive en mi a los años y los excesos…

                Una frase, la última de Staying Alive reverbera en mi memoria, me quita el sueño,… me hace sentir culpable:

                Ella pregunta a  Tony, mientras el sale del teatro: “ a dónde vas?”

                Tony Contesta: “por ahí, a fardar”…..

                Y entonces suena el tema central de Saturday Night fever : staying alive….

                José A. Fernández Díaz

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29 enero 2013 2 29 /01 /enero /2013 00:50

pareja en MiñoAlgunas veces, pocas veces, no quiero darte un beso no uno solo, sino dos o dos y medio

Algunas veces, pocas veces, no quiero no quererte no solo un poco, sino mucho muchísimo

Algunas veces, pocas veces, no quiero no escucharte no solo una vez, sino tres o tres y media

Algunas veces, pocas  veces, no quiero no quererte y es que queriéndote desenredo mis muchas veces hasta dejar lisas mis otras pocas

José A. Fernández Díaz

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26 enero 2013 6 26 /01 /enero /2013 10:56

                dos gaviotas y un surfistaCada paso que daba sobre aquel suelo aprendido de memoria a fuerza de gratas e ingratas peripecias, alojadas ya en su memoria, invitaba a la reflexión. Tenía un día de esos… uno o dos o tres…

                Caminar, pasear,  sobre  el patio de la infancia, de la adolescencia … de la madurez, era como desplegar poco a poco el diario no escrito de aquellos otros tiempos. Una indetenible ola de sensaciones  traía,  a la arena de la playa del presente, caras, miradas, olores, sabores, besos inolvidables, deseos satisfechos y también lo contrario, colores, calores, llantos, borracheras, música… mucha música, el sabor del mar y el perfume del verano…

                Recordaba y sonreía, porque sabía que había hecho con la vida, con su vida, buena parte de lo que siempre imaginó, muy poco que reprochar a los años perdidos en el pasado. Se había hecho una buena colección de amigos y también algún que otro enemigo… inevitable cuando uno responde a su naturaleza y no encadena sus opiniones y actos a lo que es socialmente correcto o adecuado, paparruchas, solo paparruchas inútiles…  

                A un lado, el mar, ese mar, esa playa de todos los días, de todos los años… esa que veían amanecer y también perderse en  la noche… Miró la piel de sus manos donde se había posado el sol de tantos veranos y el salitre de los días largos… Si fuera mas joven compondría canciones… Pero había decidido no hacerlo. Otros contaban y cantaban historias que bien podrían ser suyas y el sabía dibujarlas con su guitarra, cantando con los ojos cerrados, arrancando al pasado imágenes para ilustrarlas… Seguramente aquello, todo aquello que había vivido daba para escribir muchas canciones, pero por alguna razón no era capaz o simplemente no quería hacerlo…

                Los años iban pasando sin apenas hacer ruido y de vez en cuando el día a día llamaba su atención. Muchas cosas habían cambiado,  porque la vida no siempre nos explica que no es igual tomar un camino que otro… aprendemos solos a golpe de remiendos y reparaciones. Lo cierto es que muy a pesar del camino, las pisadas nos definen, son nuestras, tienen impresa la huella de aquella ilusión y esperanza que empuja el día a día.

                Caminar tranquilamente, muchos años después,  sobre la misma arena de su juventud, aquella mañana cualquiera, fría y a rebosar de mar y  olas de recuerdos arrancó una pregunta: Qué nos queda del tiempo pasado?...

                Todo, nos queda todo…

                José Angel Fernández Díaz.

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23 enero 2013 3 23 /01 /enero /2013 00:51

                Tony-manero.jpgSi Tony Manero, el  de Saturday night fever…

                Y todo porque mis ojos azules  llamaron la atención de una chiquilla que, sin apenas pensar en los efectos que podía llegar a provocar, me dijo cuanto me parecía a Tony Manero… es cierto que entonces tenía una estupenda mata de pelo  donde hoy rebota el sol o la lluvia, según, y cara de niño bueno… y mis ojazos azules de toda la vida… esos los conservo y, confieso haberlos utilizado últimamente para corroborar el poco criterio de aquella niña o el desagradable discurrir del tiempo… quizá las dos cosas.

                Lo cierto es que difícilmente hubiera llegado a ser Tony Manero y no es que semejante personaje tuviera cualidades imposibles, no, ciertamente no; pero es que yo era poco mas o menos que la antítesis: bailaba peor que mal y preferentemente en la intimidad; mi éxito con las chicas era insignificante; mi elegancia, porque yo creía que tenía de eso, se limitaba a ponerme la camiseta por dentro del pantalón, vaquero, desteñido y con parches… y a tratar con cuidado mi chaqueta de cuero negro (o algo parecido), ...nada que ver… sin embargo tenía la esperanza, adolescente, de ser Tony y levantar pasiones… Asentaba aquella esperanza en las palabras de aquella chiquilla y el reflejo de mis ojos azules en el espejo…

                Con los años he aprendido varias cosas. Alguna de ellas puede que valga la pena, puede… He vuelto a ver la película una o dos veces y lo realmente curioso es que no se parece mucho a la que me ilusionó tanto en aquellos años… no se parece pero  es la misma. He descubierto a un Tony Manero al que no quiero parecerme y no porque las ropas y las actitudes resulten desfasadas, eso es normal; no se trata de eso; no quiero ser un descocado, narcisista y egoísta, un ignorante presumido, con grandes amigos que no sabe ver hasta que ya es tarde para ellos y para él…

                En todo caso quiero ser el Tony Manero que despierta a la vida, cuando vuelve en el metro, herido y descolocado, reflexivo y cansado y se encuentra con un amanecer nuevo,  en la otra orilla del río,  desde donde se ve el lugar y el tiempo que no supo entender…  Supongo que dentro de unos años, cuando vuelva a ver Saturday Night Fever, cambiaré de opinión, me miraré al espejo donde estarán fijos mis ojazos azules, peinaré mi peluquín negro azabache, recompondré mi traje y me lanzaré a la pista donde seguramente me esperen  otros rabiosos soñadores trasnochados… o no.

                José A. Fernández Díaz.     

               

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22 enero 2013 2 22 /01 /enero /2013 18:02

                  Un objeto, cualquier objeto puede llegar a resultar realmente odioso. Aquella puerta azul, no sé si con el tiempo o por el cúmulo de sucesos que quedaron, muchas veces, tras su vetusta estructura, llegó a cambiar mi estado de ánimo tan solo al cbote-pintura-roja.jpgontacto con la primera mirada.

 

                Paula nunca lo supo. Yo podía haberlo esgrimido en cualquiera de nuestras  abundantes discusiones pero, curiosamente, guardé aquella impresión para mí como si se tratara de un vergonzoso secreto.

 

                Cien veces escuche como, con inexplicable violencia, aquel objeto se clavaba al marco determinando contundentemente el fin de una discusión unidireccional: ella y solo ella contra mí. Yo prefería callar y huir, porque así, dando por terminada la discusión antes podía sentarme a esperar la siempre previsible reconciliación. Aquellas reconciliaciones eran dulces, intensas pero efímeras.

 

                Una tarde llena de luz y desazón decidí precipitar una de aquellas reconciliaciones, para lo cual corté una de las flores más hermosas de mi jardín y decidí dejarla al pie de aquella puerta, tocar y alejarme para volver más tarde. Todo iba bien hasta que volví para verificar que impresión había causado mi obsequio.

 

                Desesperé tras aquella puerta hasta que su voz, desde el interior, me invitó a largarme. Tenía ante mí una vez más aquella puerta que tanto odiaba y ella al otro lado. Aquel tono azul brillante me hería igual que la voz de Paula al otro lado, aunque no menos que la memoria dando un paseo rápido  entorno a todas las cosas que viví con ella.

 

                Por más que lo intenté no conseguí que abriera aquella puerta para poder hablar. Casi ciego e invadido por la desesperación golpee varias veces, consiguiendo únicamente ira y palabras que desde el otro lado bombardeaban, sin fallar, mi pensamiento.

 

                Cuando me alejaba, aquella puerta se abrió rápidamente y así pude ver como arrojaba mi flor y aquella breve carta llena de amor que la acompañó. Pensé en recogerlas  pero me pareció inadecuado. Deseaba que volviera a encontrarse con todo aquello cundo decidiera salir... quizá recapacitara.

 

                Aquella noche apenas pude dormir. Ella lo había destruido todo. Fui consciente de haber construido alrededor de aquella mujer todo cuanto me interesaba ver. Ahora todo se había derrumbado y ya no tenía sentido apuntalar  o aguantar más.

 

                Tomé una decisión. Busque algunas cosas y me puse frente a la puerta azul por última vez. Ella seguramente estaba en su trabajo y contaba con mucho tiempo. No había restos de la flor y mucho menos de la nota.

 

                Destape el bote de pintura roja y enseguida su potente olor invadió el pasillo; coloqué unas hojas de periódico en el suelo, introduje la brocha en aquel líquido espeso y comencé a pintar sobre la puerta que tanto odiaba.

 

                Me esmeré porque deseaba no dejar rastro de aquel terrible azul que aun navegaba por mi memoria. Cuando terminé de extender la primera mano, esperé un poco y comencé con la segunda. Mientras esperaba  escribí una nota con una breve advertencia para que nadie se manchara.

 

                A terminar recogí mis cosas, retiré los papeles y coloque aquella nota que decía: “Advertencia: pintura fresca. No dejarse engañar el mal aún está en el interior”.

 

José A. Fernández Díaz

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Presentación

  • : El blog de atrapado-en-la-esquina-verde
  • : Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
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  • Invasor atrapado en el territorio sin límite de los sueños y lo políticamente incorecto... Eterno indignado y perverso militante de causas pervertidas.
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