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4 abril 2017 2 04 /04 /abril /2017 00:31
Imagen encontrada en internet

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         Un giro insospechado en los acontecimientos, derrumbó las aspiraciones de aquel hombre que pretendía ser modelo.

         Una tal alopecia se hizo hueco en su pelo, anidó en la coronilla y desde allí atacó con dirección a la frente.

         Evidentemente calvo vio como poco a poco morían todas sus esperanzas; aquello por lo que tanto había luchado su psicólogo…

         Desquiciado se dio a la comida y abandonó, por vergüenza, el gimnasio. Temía, además, atascar las duchas, con los hilos de oro que iban abandonando su melena y provocar una desgracia.

         Acudió, desesperado, a un dermatólogo. Cuando el dermatólogo preguntó si su padre y sus abuelos paterno y materno habían sido o eran calvos, cerró los ojos y, si bien tardo en contestar, el dermatólogo ya supo la respuesta a juzgar por la expresión de pánico que se había hecho con su cara.

        -Me temo que se trata de una herencia… Me temo que ha heredado de su padre la alopecia.

        -Pero si mi padre aún está vivo, ¿cómo puedo heredar?...

        -No es así.

        -Yo he oído que las herencias pueden no ser aceptadas.

        -Si, en beneficio de inventario… pero nada tiene que ver con el tema que nos ocupa. Este no es tan de letras ni tan de bienes inmuebles y algunos muebles…

        -Y ¿qué puedo hacer?...

       -Nada. Lo que tiene que ser será, -dejó caer el dermatólogo, como una losa fría y definitiva sobre el último fleco de la conversación, poco antes de extender la factura.

       -Doctor, ¿los disgustos pueden acelerar la caída?...

       -Si, claro. Intente llevar una vida tranquila y mime esa hermosa melena mientras dure. Piense en esto como una etapa de la vida; recolecte y guarde los buenos recuerdos… luego aprenda a vivir con lo que le toque ser…

       -Doctor, con su factura me voy a dejar una buena y abundante dosis de material para hilvanar recuerdos.

       Volvió a casa desolado y maldiciendo aquella terrible herencia. Pronto perdió la fe y terminó por caer en un frecuente estado de evasión permanente de la realidad, empleando, alcohol, drogas, extraños y adictivos crecepelos, junto con prácticas perversas, que encontraba en oscuros paseos por los callejones de internet o las emisiones de la televisión a altísimas horas de la noche.

        Huía de los espejos, de su imagen perdida. Huía de la gente hasta acordar consigo mismo confinarse en las entrañas de su piso redecorado por el abandono y la desidia.

        Fue rescatado por sus vecinos, al bode de la inanición, una noche de verano. Extrañaron su injustificada ausencia a una junta de la comunidad de propietarios. Aquel año tenía que ser presidente… Y lo fue.

        Avisado de su nueva condición, rapó su cabeza y se marcó una estrategia nueva de vida. Tenía un objetivo; conquistar las cimas del poder, con o sin pelo. Mejor sin pelo. Resultaba serio y ligeramente agresivo. Acotó con los muros del edificio los límites de su poder y se dedicó a reinar, sin importarle quien había sido para ser lo que le había tocado por obra y gracia del destino.

         El resto de la historia se escribirá cuando llegue su tiempo.

        José A. Fernández Díaz.

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3 abril 2017 1 03 /04 /abril /2017 00:48
Me rindo… amor

        Amar con la voz tibia de los susurros, con la locura de la piel ajena, recorriendo la que conocemos bien y caer; caer en la noche de verbos agitados, de revoluciones contenidas, de precipicios súbitos… amar, amor.

          Puede que me falten palabras para describirte como aventura y es posible que solo con besos y caricias salve el puente entre tu carrera y la mía. Tu vas, yo voy, y vamos juntos de camino al final del principio.

         Despacio, rompo las condiciones del acuerdo de paz entre tu boca y la mía. Tomo la plaza de tus caderas y al amanecer de nuestro primer encuentro, me hago fuerte entre el canal que lleva de camino a los labios salados, muy al sur del paraíso, desde la piel que me gusta morder con besos cargados de locura mortal, que esconde un corazón, que me gusta imaginar mío.

        Me gusta perder batallas siempre que sea para terminar siendo prisionero de tus delirios. No se ganar batallas porque odio estar solo. No sé imaginar victorias porque solo pienso en ti. No sé a que sabe tu retirada porque quiero mirarte a los ojos y morir de placer.

         Sigo de camino a las olas de tu playa con la esperanza de naufragar entre sábanas con perfume a ti. Me despido siempre con un beso de pirata en prácticas. Y vuelvo siempre prisionero de los paraísos que he conocido de viaje por tu piel.

         Me rindo amor. Hoy no tengo símiles para soñarte. Solo estos, que son pocos y pobres. Mañana, al despertar, prometo inventarme una historia donde el protagonista de mis nostalgias sea el calor de tu cuerpo.

        José A. Fernández Díaz

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1 abril 2017 6 01 /04 /abril /2017 01:41
El loco ausente, el poeta y la sirena enamorada

          Con la última luna de agosto, nació un tiempo en que, para el poeta, la ausencia quiso ser la mirada y el sentimiento cautivo de aquel amigo suyo, con el que imaginaba el mundo desde el mundo. Había dejado de estar, aquel amigo, con sus buenas razones, o sus razones sin otra cosa, que para eso estaba loco… loco sin querer remedio.

         El poeta, que no sabía explicar la soledad a tiempo parcial, decidió guardar silencio a partir de las ocho de la tarde y hasta el amanecer. Acordó consigo mismo dedicarse todas las palabras y reflexiones, como si no hubiera nadie mas.

      La ausencia de su amigo se había hecho con las cualidades de una presencia ensordecedora. Quiso olvidar pero solo alcanzó a desdibujarse sobre las tablas del escenario.

         De camino por su aventura interior, volvió sobre los lugares donde aún estaba viva la huella de su amigo. Se tragaba en silencio puñados de reflexiones, versos enteros y poesías rotas. Miraba el reloj cada día y, llegada la hora, cumplía con su compromiso, quizá con la esperanza de que semejante sacrificio hiciera volver al loco ausente…

         De tanto silencio y tanta ausencia se llenaron las noches de la sirena enamorada. Contó el reflejo de muchas lunas sobre la piel del mar, quieto a veces. El poeta ya no iba por aquella playa, por su playa. Era el único lugar donde, sin saber bien por qué, había evitado volver desde aquel último día. No hacía otra cosa que desear que fuera desde allí, de aquella playa, de donde volviera su amigo… Ese gran mar que va y viene.

          De tanto mirar el cielo se encontró con una estrella algo solitaria a la que dedicó tantos silencios como pensamientos y de la que terminó enamorado hasta la locura. Nadie entendía que quisiera vivir de noche y olvidar para siempre el día, que fuera capaz de odiar la nubes y la lluvia. Nadie caía en la cuenta de que las estrellas ocultas bajo las nubes no existen para los poetas…

          Las noches de lluvia soñaba con la luz de su estrella, y se bebía una a una las lágrimas del cielo que parecía llorar por él.

         La sirena consiguió verlo alguna vez a lo lejos, sobre el acantilado y casi podía escuchar aquellos pensamientos que ya no eran para ella. Entendió la ausencia, comprendió el silencio y lo supo enamorado, con la poca razón que casi siempre, por ventura, acompaña al amor. Porque el amor sin locura no es amor verdadero. Recuperar la razón es perder el amor esencial.

        Sirena fue mujer enamorada, mujer rota de celos, mujer incapaz de no entender la fuerza del nuevo amor. De tanto que amaba fue capaz de desear la felicidad del corazón perdido. Nunca, sin embargo, dejó de acercarse a la orilla… puede que el poeta un día; puede que … el amor es esperanza al fin y al cabo.

         Una noche de de cielo despejado, limpio tras las lluvias, escuchó que, desde la arena, en un lugar de la playa, alguien tocaba la guitarra y cantaba una canción que tenía la cadencia de las olas, que envolvía con palabras suaves y dulces los sentidos. Miró desde una roca y encontró que había otro poeta con ganas de contar como era el mundo que llevaba dentro. Suspiró, Sirena suspiró y el poeta, súbitamente, sintió como si el mundo estuviera hecho a su medida. Miró, el poeta, al mar quieto y descubrió unos ojos que le invitaron a volver siempre.

         Mientras tanto la vida, al otro lado del mundo de los sueños y de la poesía, discurría como las olas de cualquier mar.

           José A. Fernández Díaz

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31 marzo 2017 5 31 /03 /marzo /2017 00:05
Preguntas, muchas preguntas… solo  eso.

¿límites?

¿De Dónde quieres escapar?

¿A dónde quieres ir?

¿Fronteras?

¿De qué están hechas tus barreras?

¿De quién quieres huir?

¿Muros?

¿Conoces la cara del carcelero?

¿Sabes el nombre del dueño de la llave?

¿Cárceles?

¿Tienes amigos en el patio?

¿Conoces el calor del sol?

¿Infierno?

¿Sabes por dónde se va?

¿Sabes por dónde se sale?

¿Soledad?

¿Tienes amigos en la soledad?

¿De qué color es la soledad?

¿Paz?

¿Hubo paz alguna vez?

¿Cómo se llama el día de la paz?

¿Odio?

¿Sabes dónde reside el odio?

¿Cuántos polos tiene la maldad?

¿Hambre?

¿A qué sabe el hambre de los demás?

¿Cuánto cuesta un kilo de egoísmo?

¿Religión?

¿Por qué prefieres un dios y no otro?

¿Realmente necesitas un dios que te ha olvidado?

¿Enfermedad?

¿Crees que todo se cura con ignorancia?

¿Una pastilla esconde el dolor o calma las ganas de morir?

¿Sueños?

¿Quieres la vida para vivirla?

¿Sabes que la muerte está al final del pasillo?

¿Amor?

¿Eres capaz de romperte en dos?

¿La vida te importa para compartirla?

¿Sexo?

¿Qué le falta a tu cuerpo para ser feliz?

¿La felicidad está en el sexo del otro?

¿Fin?

¿Todo termina cuando te acabas?

¿Tu fin justifica los miedos?

José A. Fernández Díaz

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30 marzo 2017 4 30 /03 /marzo /2017 00:45
Despertar

          Algunas veces al amanecer, poco antes de las primeras luces, salía a la terraza, con su café entre las manos y esperaba a que los pájaros despertaran súbitamente. Y aquello sucedía con tanta intensidad los primeros días de primavera, que valía la pena madrugar.

         De aquel curioso comportamiento le había hablado su padre. “existe un lugar entre el día y la noche, un minuto o dos tal vez, en el que el silencio mas rotundo se descompone con los cantos de los pájaros, que parecen darse los buenos días todos a la vez… ese buenos días dura uno o dos minutos; luego, los cantos se van espaciando hasta que casi vuelve el silencio, mientras llega el día.”

         Ella recordaba entre páginas, revivía entre palabras y silencios grandes pequeñeces, que hacen de la vida una manera de sentir… ¿Y el rayo verde?... cuantas puestas de sol se llevó al alma esperando a que en el horizonte apareciera el rayo verde; justo antes de que aquel maravilloso espectáculo fuera memoria.

           Le gustaba recordar, porque llegado a un lugar de la vida importa el peso del equipaje y el valor de lo que guarda en el interior. Si no eres capaz de arrancarle algún suspiro al tiempo pasado, puede que no hubieras vivido bien, puede que solo te dejaras llevar sin apenas sentir o sin sentir … nada más.

          De su primera noche de amor recordaba muchas cosas, pero, que curioso; la mejor, la ciudad despertando a la luz y al ruido; los olores haciéndose con la atmósfera pacífica de la noche… el pan recién horneado, los niños perfumados de camino al colegio…grandes pequeñeces.

       De piezas sueltas tenemos hecha el alma de los sueños; de mecanismos rotos las pesadillas y de noches sin dormir, la esperanza.

          Algunas veces, al amanecer, poco antes de las primeras luces, salía a la terraza, con su café entre las manos y esperaba a que los pájaros despertaran súbitamente … pasada una o dos horas, salía a la vida a recolectar piezas sueltas para hacer su equipaje…

         José A. Fernández Díaz.

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28 marzo 2017 2 28 /03 /marzo /2017 23:51
Portada de  un disco de Yazoo.

Portada de un disco de Yazoo.

     Tengo la costumbre de los días hechos con las piezas que me traje de ti. No se ser otra cosa distinta. Ahora ya no. Soy costumbre hecha contigo.

     Y no es que sea torpe o inútil. Es que soy poco yo y mucho tu. Y ahora que tu no estás es como si un mecanismo automático moviera mi desorden en la dirección correcta. Pero no tengo norte ni horizonte… No tengo a dónde ir.

     Ahora que tú no estás apenas me importa haber perdido las ganas de volver a ningún sitio o abandonar el duro silencio del rincón donde duermen los recuerdos.

     Me dejaste para buscarte y buscándote, te encontraste otro amor. Perdido yo, sin ganas de buscarme, hecho en falta el futuro que nos prometimos; el presente que hacía de cada día un día para no olvidar. Supongo que he tenido suerte. Duró la vida plena mientras duró el tiempo contigo. Ahora que me faltas tu, tengo solo ausencias por compañía y recuerdos para llenar silencios, silencios de los que duelen.

    Pero el remedio a mi enfermedad es una medicina parecida al veneno; pues muero de nostalgia queriendo, con los recuerdos, olvidar que estoy sin ti. Solo sin ti.

     Te he visto…

     Te he visto hermosa y feliz. El amor te sienta bien. Ese nuevo amor ha de tener cosas que ya no había en mi o es que no he sabido explicarte bien hasta dónde te habías metido en mi.

    Te quise… te quiero con todas las ganas que he podido reunir. No creo que me queden ganas para volver a querer.

     Te veo feliz y enamorada, de la mano del que fue mi amigo.

     Me he quedado con la tristeza de los dos o es que la mía sola que crece sin medida con los días.

     Soy todo costumbres ajenas… tuyas. Me quedan las páginas de este diario donde ya no se si hablo de ti intentando hablar de mi…

     José A. Fernández Díaz

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22 marzo 2017 3 22 /03 /marzo /2017 00:09
Imagen encontrada en la red

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          Huyendo de la ortodoxia ortopédica de la presunta realidad , se encontró frente a frente con el perfil poco alentador de la vida detrás de la vida. Puede que mirar a otro lado estuviera de moda, puede que así fuera y así sea, puede. Pero si no hay otro lado para mirar, no existe derecha, izquierda, arriba, abajo o detrás… solo queda lo que está delante, lo que atrapa sin medida. Entonces la vida detrás de la vida resulta ser la otra medida, ajena a la mas pequeña molécula de felicidad… y esa cruda versión inversa del mundo placentero existe y persiste aunque no nos guste mirar.

          José A. Fernández Díaz

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16 marzo 2017 4 16 /03 /marzo /2017 23:36
Llegar tarde

          Anoche llegué tarde al mejor momento de uno de mis mejores sueños.

           Apenas rozaba la felicidad cuando, de un tirón súbito y violento, la campana que despierta al mundo que me tortura, hizo trizas las primeras piezas de la esperanza…

       Mañana, para vengarme, para resarcir mis ganas, voy a soñar despierto y apagaré el despreciable aparato justo antes de que suene… Eso debe ser frustrante, tanto como despertar a la realidad desde el mejor momento del mejor de los sueños.

          José A. Fernández Díaz

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14 marzo 2017 2 14 /03 /marzo /2017 00:58
Andrea y las olas

          Cuando apenas sabias hablar, corrías tras las olas que volvían, pacíficas y mínimas al interior del mar… Puede que tuvieras miedo de perderlas para siempre. Corrías por la playa con pasos breves y despistados. Dejabas, para la memoria efímera de la arena, pequeñas huellas sin rumbo y con un horizonte por hacer…

          Ahora que miras con la profundidad de los corazones sinceros, con la sinceridad de las almas nobles, con la nobleza de los espíritus soñadores; ahora que sabes que las olas vuelven y que no se terminan nunca, esperas en la orilla y te sabes ínfima y frágil. Esperas a que las olas vuelvan y te cuenten historias, como las de los libros donde alimentas tus sueños de niña grande.

          Llegará un día en que me enseñes un millón de cosas que no sé a cambio del puñado de locuras que he compartido y comparto contigo. Llegará un día en que no será con papá con quien te dejes seducir por las olas y la arena … y el cielo. Llegará, Andrea; llegará corazón, y no sé si volverás a correr tras las olas o seguirás esperando a que vuelvan. Yo aprendí tarde y ahora se me antoja correr tras ellas por si no vuelven…

          No sé si te he enseñado algo. Tengo la sensación de que he sido yo el alumno. Tú me has hecho madurar, me has hecho padre con todo por aprender. Ahora ya no vas tras las olas…has aprendido a esperarlas porque sabes que vuelven. No lloras porque se han ido, no lloras porque sabes que vuelven.

          Puede, hija mía, puede que no tenga tiempo para olvidar aquellos días en que corrías tras las olas. También puede que no quiera olvidar que eres la ola que trae a la orilla de mis días la esperanza, la misma del día en que te vi nacer.

          José A. Fernández Díaz

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13 marzo 2017 1 13 /03 /marzo /2017 00:20
(Imagen encontrada en internet)

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          Hasta la náusea recordó, con que violencia era capaz de odiar aquel militante de causas irreconciliables con la condición de ser humano.

          No pudo más. No supo no parar. No quiso no querer, y mató a la bestia de una puñalada… con una puñalada certera en el centro del corazón.

          Para no fallar se buscó en el espejo, y terminó ensañándose con el reflejo de la decadencia que lo habitaba…

         Aquello que tenía que haber sido veinte o treinta años atrás. Fue tarde, y puede que con el diagnóstico incuestionable de una salida de emergencia… Puede que como salida de emergencia estuviera bien; pero, para las verdaderas víctimas, el suplicio no moría con el verdugo.

         Se quito de la vida desnudo de la careta con la que había engañado …

         Pensó que despojándose del hábito impedía mancharlo. Tarde, muy tarde, para pensar en semejante cosa.

        José A. Fernández Díaz

 

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Presentación

  • : El blog de atrapado-en-la-esquina-verde
  • : Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
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  • Invasor atrapado en el territorio sin límite de los sueños y lo políticamente incorecto... Eterno indignado y perverso militante de causas pervertidas.
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- Se agradecen los comentarios... yo también tengo derecho a leer.

 

 

 

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