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12 diciembre 2013 4 12 /12 /diciembre /2013 01:27

               Te-amo-con-locura.jpg

                Contaba uno a uno los días que me separaban de tus gratas ausencias,  porque de tus breves presencias alimentaba mi sentimiento desbordado. Nunca supe  por que resultaba inútil hacer planes cuando teníamos previsto un encuentro, tampoco por que no podía dejar encargada una cerveza fría en el bar de enfrente…

                Nos amábamos sin embargo  pero con extraña pasión frágil o pasajera. Tienes que reconocer que si yo estaba un poco loco era porque tu estabas totalmente loca. Yo, iluso agradecido, me había dejado contagiar hasta tocar con deleite a las mismísimas puertas del manicomio en el que habitabas. Tiempos aquellos de dolorosa felicidad.

                No puedo olvidar  la tarde en que nos conocimos. Tu, hermosa bajo la luz del atardecer, sobre la piel verde de la vieja estación de trenes, contabas golondrinas mientras que yo te contaba la joven vieja historia de mi último viaje al vetusto mundo del cine en blanco y negro. Cuéntamela otra vez - me dijiste-, pero esta vez quiero que la protagonista sea una horrible princesa envenenada con un yogurt caducado… Y yo, empezaba una vez mas confiando en ser capaz de hacerlo sin tocar una pizca de color. Un yogurt en blanco y negro caducado es algo mas que un asesino en potencia … es una peripecia, una pócima secreta, una combinación inmoral… ¿cuántas golondrinas llevas?- preguntaba para ganar tiempo-. Una o dos repetidas doscientas o trescientas veces… vuelan haciendo círculos sobre esa película que me estas contando… Dame un beso y en paz…

                Y nos dimos un beso, largo, muy largo y profundo  que no iba a ser igual a ningún otro de cuantos nos esperaban por el camino. Aquella noche no pude dormir, me costó dejar de imaginar dos golondrinas recorriendo el perímetro de seguridad de un yogurt caducado y en blanco y negro con matices… también arrancarme el sabor a beso inolvidable no solo de la memoria, también de la cálida superficie de los labios silenciosos.

                La noche después de aquella primera noche  hicimos el amor con las piezas que pudimos recoger de entre las horas de luz que compartimos tras escapar de la facultad. Hicimos un amor y luego otro y otro mas para probar cual era peor. Concluimos que habíamos nacido sin monotonía y se nos daba bien improvisar. Éramos partes complementarias de un mismo disparate. Nos gustamos piel contra piel y mas aún piel perdida en  el interior de la otra piel. No nos dejamos amanecer juntos. Te llevé conmigo hasta el calor de mis sábanas y hasta que la ducha del amanecer te arrancó de mi piel. Tu te quedaste con un mensaje mío escrito con dentífrico  sobre el cristal de tu espejo, “has mentido, eran mas de doscientas golondrinas y no volaban, solo miraban la fecha de caducidad del  yogurt de mi película”…”se que nos queremos”…

                Para celebrar nuestro nuevo amor nos fuimos a mirar gotas de agua sobre la hierba fresca. Nos tiramos en el suelo y,  acercándonos mucho al suelo, fuimos capaces de observar nuestro reflejo sobre una ínfima burbuja de agua posada graciosamente en el filo de una hoja verde esperanza. Éramos poca cosa. Quise darte un beso y te negaste… me dolió por algún tiempo hasta que me explicaste que no te habías cepillado los dientes. Mi texto sobre el espejo te había dejado sin pasta. Puesto que había sido mi culpa decidí que era preciso arreglar semejante despropósito. Te regalé un espejo nuevo sin cristal y dos acciones de Colgate. Nos besamos para celebrarlo.

                Fuimos llenando de pasión una buena cantidad de meses y hasta años. Nuestros amigos huían de aquella ruidosa combinación que hacíamos y aunque apenas nos importaba es cierto que alguna vez llegamos a sentirnos solos… en mi caso era duro saberme completamente solo cada vez que me echabas de tu casa. En aquellos días hice algún que otro amigo entre los extraños habitantes de la noche. Concluí que éramos amigos cuando me saludaban diciendo  aquello de - “otra vez”. Pero te amaba y te amo.

                Ahora que nos vemos menos me duele tu ausencia y los pinchazos de la medicación. Te estoy superando a medida que me recupero. No puedo evitar, eso si, de vez en cuando  tirarme sobre la hierba aún húmeda y buscar con locura nuestra imagen reflejada en alguna mágica gota de rocío.

                José  A. Fernández Díaz  

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  • : El blog de atrapado-en-la-esquina-verde
  • : Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
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  • Invasor atrapado en el territorio sin límite de los sueños y lo políticamente incorecto... Eterno indignado y perverso militante de causas pervertidas.
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