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21 febrero 2014 5 21 /02 /febrero /2014 01:51

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                Puede que no tenga demasiada importancia pero lo cierto es que poco a poco se consumía  el año 1984 en una ciudad colonizada por el asfalto y las grandes moles posadas sobre el suelo de un hermoso valle por el que discurría,  en otros tiempos,  un entrañable y limpio río que los habitantes del lugar llamaban Guaire… Caracas había dejado confundir sus verdes entre avenidas y algún que otro oasis rebosante de historia… y el Ávila, el cerro que miraba  la ciudad furiosamente viva desde  lo alto.

                Aquella mañana, incapaz de dormir un minuto más, abandonó su cama escuchando Éxitos 1090… sonaba Sounds Like a Melody  de Alphaville mientras el revolvía en su escritorio hasta dar con aquel primer verso que había conseguido construir,  a golpe de suspiros,  unas horas antes. Lo pasó a limpio rápidamente para dejarlo luego en su carpeta. Era un romántico, un viajero exquisito  y estrafalario sin destino concreto.

                “Puede que no tenga demasiada importancia, pero lo cierto es que tu pelo huele al paisaje de los sueños  en los que me gusta perderme, puede que esta ciudad en la que me voy perdiendo poco a poco como si diluirme o disolverme no fuera mas que el final de mi principio hasta que apareciste.”

                Con el café en la memoria, los libros en la mano junto con su carpeta,  bajó las siete  plantas  que lo separaban del paisaje donde crecían tan solo las esperanzas, caminó un poco bajo la luz grata de la mañana nueva hasta la anárquica parada del autobús. Lo vio llegar con lentitud  entre la cola habitual. Subió e inmediatamente buscó un lugar donde sujetarse en el pasillo central. La ciudad despertaba con fuerza y alegría. Inmediatamente llegaron a sus oídos una docena de conversaciones sobre tantos temas y tantas peripecias que no tardó en escapar al paraíso particular donde cosechaba sus locuras. Despertó cuando se percató de que su mirada huía al exterior donde una hermosa chica esperaba a que aquella máquina algo vetusta y ruidosa  terminara por detenerse.  La perdió de vista y volvió a soñar mientras los nuevos pasajeros sustituían a los que iban saliendo. Volvió a la realidad cuando se encontró con que en una barra vertical situada justo delante de sus ojos se sujetaba aquella chica de la parada…Sintió como si de repente el resto de aquella breve  humanidad no estuviera, respiró hondo, muy hondo y se llenó del perfume de aquella piel que había conquistado sus sentidos. Posó la mirada sobre aquel cuello de bailarina,  descubierto bajo un descuidado moño, atado con un lazo marrón oscuro… el resto, un cuerpo frágil cubierto por una camiseta blanca, un vaquero desteñido y unas zapatillas… todo tan simple y tan hermoso. Llevaba en la mano dos libros y una carpeta por donde asomaban algunas hojas desordenadas y un bolso de tela muy gastado.

                Decidió casi sin pensar que por alguna razón aquel día había comenzado antes de tiempo. Abrió su carpeta con dificultad en tan reducido espacio y plegó el papel donde había escrito aquel verso… terminó por colarlo con cuidado entre las páginas que asomaban por la carpeta de aquella chica. Todo justo a tiempo porque poco después el autobús paro y ella salió por la puerta del frente.

                Las horas de clase se fueron lentamente, tan lentamente que apenas fue capaz de no huir a su refugio  un par de veces en toda la mañana.

                Aquella noche volvió a escribir. Había dedicado la tarde a recopilar sensaciones. Aquel viaje en autobús había sido algo así como una manera de recuperar motivos para perseguir ese sentimiento del que tantas cosas  había leído y que contaban tantas canciones. Escuchaba una cinta de Lionel Ritchie, sonaba  Hello y el escribía y tachaba, borraba y rompía, volvía a escribir y tras releer  terminaba por entenderse cada vez menos. Por fin se encontró con algo que se parecía un poco a lo que quería decir.

                “No se bien si los sentidos son la ventana  por donde se cuelan los rayos de luz de los sentimientos, no se bien si son sentimiento esta sensación de que la vida late sola al ritmo de un corazón que no es solo el mío, no se bien si eres tu o soy yo  el que sueña y tampoco me importa, pero si eres tu, te ruego que no me despiertes”

                Apenas pudo dormir, como apenas pudo comer y cenar… era todo esperanza y un nudo de ilusiones en la garganta. Se encontró frente a frente con la mañana… la estaba esperando y fue llegando poco a poco, con demasiada lentitud. Otra vez la radio para acompañar la monotonía de cada día. Sonaba Africa de Toto como banda sonora que acompañaba el acto de doblar con cuidado su verso y colocarlo dentro de su carpeta…

                Contó las paradas y casi fue haciendo sitio para que ella pudiera estar en el mismo lugar del día anterior… No tardo en verla y tampoco en tenerla justo enfrente. Parecía una cita solo que en esta todo iba saliendo bien. Aprovechó que ella sacaba de su bolso un pequeño espejo plegable,  con el que intentaba recolocarse el pelo que se escapaba del moño y por los lados, para colar su nuevo verso en la carpeta. Pudo mirar sus ojos reflejados sobre la superficie del pequeño espejo. Tenían aquellos ojos luz propia y el gesto sincero de las nubes blancas sobre el cielo infinitamente azul…

                Se encontró otra vez con la noche y pudo escribir mientras imaginaba como podía ser el sabor de aquellos labios que seguramente nunca iban a ser para el.

                “He soñado en voz alta con el sabor de la piel con la que están dibujados tus labios y el tacto que tiene el calor de tus manos y el color de los ojos que aún no me han mirado y el perfume de un abrazo intenso… he soñado que no soy el viajero anónimo de un  corazón que no sabe si quiere conocerme.”

                Volvió a suceder… se repitió la cita y una vez mas aprendió un poquito mas de ella a través del espejo. Esta vez fueron sus labios que tarareaban una canción de moda…

                Pasaron los días y el se afanaba en describir con simples  palabras el itinerario de sus sueños para regalarlo a aquella chica de la que indudablemente se había enamorado y que aún no tenía nombre.

                Una noche describió con pasión pero  algo desilusionado como era su aventura interior desde que ella estaba por allí. Ella no tenía ninguna culpa. Aquello había sido tan solo una de sus pretendidas huidas hacía paisajes ajenos al mundo de quienes necesitan algo mas que sueños.

                “No se si el amor necesita de un nombre para existir de verdad, pero he sobrevivido amándote sin saber otra cosa mas que  puedo alimentarme con tu perfume cada mañana y con la imagen que de tu hermosa mirada me devuelve el espejo o el reflejo apetecible de tus labios… no se si tienes un nombre que yo pueda imaginar, apenas me ha hecho falta para hablarte en la noche, para decirte que esto que escribo eres tu o esa esencia que me ayuda a aguardar por  el amanecer con desesperación.  Yo no sé si el amor necesita de un nombre para existir de verdad pero el mío es tan grande que ya no me cabe en los versos.”

                Aquella mañana olía a primavera y nadie sabe por que. Volvió a suceder. Sin dificultad consiguió colar su verso entre los papeles que asomaban en aquella carpeta tan familiar… luego igual que siempre se fue por la puerta delantera.

                Al volver del receso entre horas encontró que de entre las páginas de uno de los libros que tenía sobre su mesa sobresalía un papel cuidadosamente plegado. Desdobló con cuidado aquello que parecía una carta y se encontró con una caligrafía desordenada y entrañable. No sabía si leerlo inmediatamente o dejarlo para después. El profesor estaba entrado en clase cuando el decidió salir sin dar explicaciones. Al pie de un árbol en el patio, respiró hondo y leyó…

                “Puede que no tenga demasiada importancia pero lo cierto es que poco a poco se me ha ido olvidando como es vivir cuando un día es igual a otro. Puede que no hubiera sido necesario saber como es tu nombre para sentir como un día tras otro, papel a papel, frase a frase te ibas haciendo dueño de mis horas… Es posible que aprendiera a mirarte a través de mi espejo porque me ha costado aprender a imaginarte sin pensarte como algo mas que un sueño.  Tengo tus ojos guardados en la memoria para soñar que me miran mientras aprendo para siempre cada verso que me has regalado…

                Mañana por la mañana no quiero un  verso en mi carpeta, tampoco una despedida cara a cara, no quiero huir por la puerta de siempre sin mirarte… Mañana por la mañana quiero que me cojas de la mano y juntos bajemos en la parada mas próxima, quiero que me digas como me llamo después de que yo te diga  como te llamas…

                Mañana por la mañana no quiero un verso en mi carpeta, quiero un beso para soñar despiertos.”

                José  A. Fernández Díaz  

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  • : Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
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  • Invasor atrapado en el territorio sin límite de los sueños y lo políticamente incorecto... Eterno indignado y perverso militante de causas pervertidas.
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