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25 junio 2013 2 25 /06 /junio /2013 01:46

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          Había despertado soñando, que curioso, con el final de un arcoíris que se desplomaba sobre el espacio vacío entre las frondosas ramas de dos inmensos sauces. Un arcoíris tras la lluvia, soñada entre episodios olvidados, buena parte de la noche.

          Disfrutó la mañana a rebosar de sol, aún atrapado entre las paredes del  aula. La campana del recreo provocó un gran estruendo en el interior de la clase y también en el suyo. Al salir se encontró frente a frente con la luz en la cara y poco después una imagen dibujada a pincel, con trazos mágicos… Aurora, aquella compañera  diferente, leía, en soledad,  sentada en un banco entre dos grandes árboles… una hermosa luz se abría paso entre las ramas e iluminaba tan solo el espacio que ocupaban ella y sus peculiaridades… Amaba en silencio aquellas peculiaridades, aquellas diferencias. Había desistido. El era raro hasta el cansancio e insufrible o eso pensaba.

          Disfrutó de aquella imagen tanto que apenas fue consciente de que, súbitamente, se había quedado solo… no tan súbitamente en realidad. Ella tampoco estaba… La encontró en el aula al pie de una de las ventanas, en  su mesa, donde siempre…

          Deseó que llegara el final del día y encontrarse con el sueño… los sueños mejor. Y sucedió. Volvió a soñar. Esta vez con lunas y mares bajo la noche, también olas coloreadas por cielos azules y nubes juguetonas… y sirenas. Entretuvo su sueño mirando desde algún lugar a una coqueta y hermosísima sirena que disfrutaba de vez en vez compitiendo en belleza con los rayos del sol poco antes de irse a dormir…

          Despertó feliz; casi podría jurar que se encontró el olor a mar en la ducha y cantos de gaviotas en la calle conquistada por la locura, mientras iba de camino al instituto. Primera hora, literatura y su profesor favorito… aquel loco maravilloso que contaba historias como nadie y era capaz de ver entre las páginas de los libros  el color de las gotas de lluvia o la forma de mirar que tienen los que odian cuando acontece la felicidad…

          Aurora ya estaba en clase… leía, leía un gran volumen, con mucho interés. El no podía apartar la mirada, ahora ya no…

          Mientras la miraba se percató de que justo tras ella, al lado de la ventana, había una hermosa lámina donde maravillosas olas bañaban con lujuria las rocas próximas a un acantilado… La brisa que entraba por la ventana jugaba con el pelo de Aurora. Se le antojó que ella se entretenía descansando sobre una roca, disfrutando de la superficie placida y fragante, antes de volver a las profundidades.

          Ella, Aurora, terminó, cómo no, percatándose de aquella mirada insistente y le dedicó una sonrisa. Pronto fueron absorbidos por el relato de “cumbres borrascosas” que el profesor había puesto en marcha.

          Cuando aconteció la noche ya había soñado despierto un buen puñado de historias, pero can tanta torpeza que apenas era capaz de imaginar que existiera manera de hacerlas realidad… Soñó entonces, soñó historias posibles. Dejó en manos de  Morfeo la gestión de su noche y la fragua del destino.  Soñó una hermosa historia de amor entre un preso y su novia al otro lado de los gruesos muros… habían inventado un increíble código para leer historias en los dibujos de las nubes. Leían las mismas cosas, respiraban el mismo aire y así se sentían un poco más próximos y también libres.

          Aquella mañana al llegar a clase se encontró sobre su mesa un papel doblado en dos bajo un libro que no tardo en reconocer… “te ruego lo devuelvas a la biblioteca,  pero antes lee las páginas que he marcado… me gustaría saber que alguien puede mirar al mismo lugar que yo y ver las mismas cosas… cuando vuelva hablamos”… Aurora.

          Se pasó el día leyendo y extrañando… Aquella noche soñó cosas maravillosas que había visto entre aquellas páginas. Y volvió a suceder una y otra vez. Cada mañana entraba en el aula con el corazón a punto de romper la camiseta… pero ella no estaba. Una mañana se percató de que tenía que devolver el libro y que la solicitud de préstamo era de ella… cumplió lo que ella le pidió; lo devolvió a tiempo y tan releído que casi lo sabía de memoria. Había soñado tantas historias arrancadas a aquellas páginas que tenía miedo de no ser capaz de seguir solo, de inventar sin ayuda… Necesitaba verla… ahora estaba seguro.

          Esa noche, ya sin el libro, se metió en cama dispuesto a dejarse llevar por lo que tenía alojado en su interior; al fin y al cabo así comenzó todo. Eran historias que nacían en sus sueños y floreaban en la realidad…

          LLegada la noche soñó con flores secas, marchitas y mares enfurecidos, cielos tan oscuros y deshabitados como silenciosos… Se levantó temblando e invadido por el llanto…

          Aquella mañana decidió dejarlo todo, abandonar el instituto,  decidió no dar opción a que la realidad se hiciera con el mundo de sus sueños…       

José Ángel Fernández Díaz

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  • : El blog de atrapado-en-la-esquina-verde
  • : Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
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  • Invasor atrapado en el territorio sin límite de los sueños y lo políticamente incorecto... Eterno indignado y perverso militante de causas pervertidas.
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