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1 abril 2014 2 01 /04 /abril /2014 01:50

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                Llevaba  el corazón a rebosar y muy próximo a estallar, la esencia que aquel hombre había hecho a la medida de sus sentidos en el bolsillo de la chaqueta y ganas de no llegar a ninguna parte, simplemente porque en realidad no deseaba irse.

                Apenas fue capaz de dormir. Se dedicó a soñar despierta y a respirar las sensaciones del tiempo perdido. Aquella mirada azul, sincera, profunda y reflexiva la había cautivado y atrapado. Se sentía leída, interpretada, entendida, gratamente comprendida y conquistada.

                Al despertar buscó en su piel la esencia que tanto la había hecho disfrutar. Comprobó con tristeza que ya no estaba allí. Se levantó, apartó las cortinas y comprobó que el cielo era gris y la mañana lluviosa. Buscó en los bolsillos de su chaqueta. Sujetó el frasco percatándose de lo que recogía la etiqueta: “Te quiero”… Aquello era un nombre o un mensaje?... Cuando destapó el perfume y se lo llevó  a sus sentidos con imperiosa esperanza encontró que algo había cambiado. Probó una vez mas cerrando los ojos y comenzó a pensar que se había tratado de un sueño. Depositó unas gotas sobre la piel de su muñeca, como última esperanza para descubrir que aquella esencia agradable y distinta, si bien era especial, había perdido algo o simplemente algo faltaba.

                La memoria se ocupaba de rememorar constantemente las sensaciones del  día anterior y la imagen de José, aquel hombre que la había hecho llorar, reír, vivir de golpe, suspirar, añorar…

                -¡Clara, clara!, estas bien?...

                -Supongo que no, creo que me he venido a trabajar sin traerme los sentidos…

                -¿Qué dices?...

                - Nada útil. Mejor vuelvo a casa. Al fin en realidad es como si no hubiera venido.

                -Harías bien en descansar un poco.

                Volvió a casa, pero la casa se le antojó desconocida, anónima. Volvió al frasco e intentó recuperar las sensaciones conocidas y añoradas. Una vez mas se encontró con un perfume grato y personal pero con ausencias…

                Decidió visitar a José… necesitaba encontrarse con aquellos ojos y contarle que se había perdido y que el perfume ya no era suyo. Salió bajo la lluvia  y condujo hasta el lugar donde dejar su coche. No fue capaz de pensar en que un paraguas estaría bien para caminar hasta el molino. No sintió la lluvia como una incómoda compañía sino mas bien como la banda sonora de una tarde de camino al paraíso y como un golpecito suave sobre la tierra hasta arrancar aromas indescriptibles. Comenzó a sentirse invadida por un grato espíritu que disparó los latidos del corazón que la empujaba. Pronto divisó una suave columna de humo ascender entre las hojas nuevas de los árboles y casi de inmediato las paredes del molino tapizadas por las fosforescencias de cien verdes  distintos. Cuando llegó a la puerta fue consciente de que estaba empapada. Tocó con cierto temor a descubrir que el sueño estaba a punto de evaporarse. Abrió José y a ella le encantó encontrarse frente a frente con aquella mirada. El tiró de ella al interior con delicadeza y preocupación evidente.

                -Clara, estas empapada… de vida.

                Ella asintió temblando sin apenas escuchar lo que el había llegado a decir. Había poca luz en el interior del molino, tan solo el fuego en la chimenea, una lámpara al lado de una butaca y una pequeñita luz roja que ayudaba a localizar el lugar desde donde salía una hermosa y sutil melodía que ella no supo reconocer.

                Mientras yo preparo un chocolate caliente puedes entrar  en el baño y secarte. Solo puedo ofrecerte alguna ropa mía, si no te importa.

                -No, no me importa, gracias.

                El buscó entre sus cosas un pantalón y una  cálida camisa que puso en las manos de Clara  antes de que se perdiera tras la puerta del baño. Cuando se encontró sola acercó aquellas prendas a sus sentidos y reconoció que no se trataba de un sueño. Tardó un poco en salir pero cuando por fin lo hizo se encontró con una mesita cerca de la butaca que hacía compañía a la que el ocupaba, en la mesita había dos tazas de chocolate humeantes, algunas galletas y una botella de licor casero con dos pequeños recipientes de barro.

                -Te recomiendo que pruebes mi licor. Es dulce y cálido como  una tarde de verano. No recuerdo bien cuantas hierbas emplee en su elaboración ni cuando fue,  pero me gusta para alegrar las tardes de lluvia.

Llenó los pequeños recipientes de barro y puso uno en la mano de Clara ayudándole a cerrarla alrededor.  Ella lo probó inmediatamente. Aquel sabor era nuevo, distinto, intenso y desde el primer sorbo resultaba reconfortante. Terminó por sentarse mientras el bebía y sonreía con la mirada.

                -Por qué has escrito en la etiqueta del perfume “Te quiero”?

                -Hace tiempo que tenía ganas de hacerlo… las palabras son para ti, pero si no las quieres yo puedo pedirte disculpas…

                - No tienes por que disculparte… En realidad me han gustado mucho. Pero el perfume ya no es el mío.

                -Puede que no sea esa la razón. Creo que tu no le perteneces a ese perfume. Desde ayer no eres la misma,  no os reconocéis. Estoy seguro que puedo arreglarlo, si tu me dejas.

                -Creo que para eso he venido aunque no estoy muy segura.

                -Aún estas temblando. Voy por una manta. Acércate al fuego, por favor.

                Aquella conversación iba discurriendo sin que una mirada se apartara de la otra y, aunque ambos lo  sabían,  ella ya no temblaba de frío. El licor iba aplacado el frío y la timidez poco a poco.

                No tardó en  aparecer  con una manta que colocó sobre los hombros de Clara convirtiendo el gesto en un tímido abrazo. En la mano traía un pequeño frasco.

                -Aquí está la esencia que necesita el perfume que hicimos ayer para que se parezca a ti y tu a el.  Si tu cambias, el perfume ya no te pertenece y has cambiado. Quizá por eso estas aquí.

                Quiso saber donde tenía el frasco de su perfume y ella indicó la chaqueta que estaba en el baño. El fue a buscarlo. Al volver se sentó a su lado sobre el suelo. Destapó el perfume le pidió que cerrara los ojos e inmediatamente dejó caer dos gotas de la nueva esencia dentro del frasco, lo tapo y agitó suavemente… Tomó una de las manos temblorosas de Clara y depositó una pequeñísima gota sobre su piel. Ella aspiró profundamente y sintió que el pecho se le inundaba de luz, las palabras habían dejado de existir, la respiración se aceleraba y no sabía si abrir los ojos o mantenerlos cerrados… todo eso hasta que José abandonó un beso muy suave sobre la piel de sus labios…

                -Vuelve a ser tu perfume.

                José A. Fernández Díaz.

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  • : El blog de atrapado-en-la-esquina-verde
  • : Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
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  • Invasor atrapado en el territorio sin límite de los sueños y lo políticamente incorecto... Eterno indignado y perverso militante de causas pervertidas.
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