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6 enero 2017 5 06 /01 /enero /2017 00:35
Imagen encontrada en Internet

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         La primera vez llegué a tener el sabor grato de la nostalgia…La última vez alcancé a percibir los primeros compases de un sueño imposible…

         Y es que la cordura no resulta nada útil en un escenario poblado por vecinos fríos y calculadores; mas aún cuando eres un yo mismo, sin otras ganas que las de oler las flores sin arrancarlas.

         Recuerdo que ella llevaba, tal vez, media hora con la mirada posada en uno de esos artilugios que pretenden haber robado la sustancia y la esencia a las bibliotecas. Yo suponía que era necesario hacer algo para pasar las páginas, pero ella no hacía otra cosa que mirar fijamente aquella superficie plana e intrascendente. Por mi parte intentaba exponerme en una de mis páginas en blanco, arrancarme ideas y retazos de vivencias, con la intención de dejar huellas para encontrarme a mi mismo. Aquel cuaderno en el que escribía estaba mas lleno de dudas que otra cosa… bueno, en realidad también sobraban los tachones.

        Hice un gesto y Pedro, el camarero, no necesitó mas para agradar el sentido donde, curiosamente, se alojan algunos de los órganos que mecanizan la palabra.

          Con el café en la mesa me preguntó sin giros ni maromas: -¿no sale nada?...

         -Pedro, estoy perdido. Apenas se me ocurren cosas y tengo dos personajes atrapados en el medio de una historia que me supera. Tengo miedo de seguir porque no me gusta el destino que tengo planeado.

      -Chungo, chungo. Tu siempre encuentras cosas que decir… escribes como un condenado, pero hoy te veo jodido…

          -Ya irá saliendo… supongo. Conoces a esa chica?...

          -La del libro electrónico?...

          -Pedro… no veo otra.

          -Viene con cierta frecuencia. Se llama Soledad; Sole.

          - Puedes decirle que le invito a otro café o lo que quiera tomar?

          -Claro.

          Pedro se acercó y Sole apartó la mirada de su libro. Me miró y dijo si.

        Tenía, Sole, una mirada brillante y sincera. Algo de extremadamente breve, aleteaba en su manera de decir si.

         -Gracias –me dijo Sole-, a contraluz, con la gran cristalera a su espalda y la tarde rota de tristeza bajo una lluvia fina.

          No hubo más. Solo me miró con una hermosa y contenida sonrisa. Es cierto que aquello me apartó de mi bloqueo, pero tan solo para escribir un par de versos que nada tenían que ver con la historia sobre la que trabajaba y si con Sole.

     La verdad es que aquella mujer tenía una manera peculiar de hacerse sentir. Inmediatamente atrapó mi atención, y las ganas de escribir sobre mis seres conocidos se murieron súbitamente. Solo se me ocurría ella pero no como historia. Ella era poesía.

        No era especialmente guapa y su atractivo me remitió a la manera de mirar y permanecer sumergida en aquella intención de libro. Pero no podía dejar de mirarla mientras permanecía atrapada en su libro y la gente cambiaba el paisaje exterior con un ir y venir casi monótono.

        Quizá con demasiada prisa llegó la noche y con un puñado de versos pasados a limpio en una hoja plegada con cuidado, decidí marcharme…

        Pagué y me acerqué a la mesa donde Sole seguía leyendo. Dejé junto a su taza vacía mis versos. Simplemente dije adiós y ella volvió a dar las gracias. Mirándome con una profundidad inquietante inmediatamente volvió a su libro. Salí…

        Al pasar por el otro lado de la cristalera me encontré con su mirada reflejada en el espejo que ocupaba el lugar donde yo supuse había un libro electrónico. Miré `perplejo la funda ocupada por un espejo y que en aquel momento reflejaba los ojos de Sole… No supe si soñaba cuando sobre la paz del espejo me guiñó uno de esos ojos inolvidables…

          José A. Fernández Díaz.

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Published by atrapado-en-la-esquina-verde
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  • : El blog de atrapado-en-la-esquina-verde
  • : Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
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  • Invasor atrapado en el territorio sin límite de los sueños y lo políticamente incorecto... Eterno indignado y perverso militante de causas pervertidas.
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