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11 febrero 2016 4 11 /02 /febrero /2016 01:27
Imagen encontrada en internet

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                No, no, no… bailar, bailar no bailo, pero he aprendido a dejarme llevar por los ritmos e improviso extraños y, algunas veces, espectaculares, ataques de repentina epilepsia en vertical, que los profanos e incultos en semejantes artes, como yo, interpretan y han llegado a calificar como bailes de salón… salón comedor.

                Recuerdo…verás, recuerdo, a duras penas,  una noche en que dedique a una nada despreciable cantidad de seres humanos racionales y sobrios, para mi desgracia, un sensual baile, lúbrico y torpe,  sujeto al mástil de una farola. Me agarraba fuertemente al brillante pedestal cual barra de club y, tras tomar impulso, me lanzaba,  con o sin fortuna, en busca de el mas difícil todavía o el recurrente “sin dientes”… Giré tantas veces que ese mundo loco que me miraba se me antojo algo revuelto y dislocado. Para concluir subí a lo mas alto, hasta deslumbrarme con las luces y me colgué boca abajo, abrazado con las piernas al mástil. Deslizándome llegué al suelo donde, creo, dormí una o dos horas, tras agradecer  un caluroso aplauso.   

                No he podido olvidar aquella otra vez en que, tras visionar “Grease”, me sentí mas Travolta que nunca e, invadido por el espíritu rocanrolero, me fui a mi  supermercado de confianza  a comprar gomina para el pelo. Complicado lo del peinado pero con unos pliegues laterales juntándolo todo en el centro, donde la carencia es un clamor que hiere la vista los días de sol, podía llegar a algo.  Fue llegar y preguntar a mi cajera favorita por la sección de grasa para el pelo, dedicarle un meneo de cadera a lo Elvis y quedarme esperando a que cerrara la boca y fuera capaz de recuperar el habla. Es curioso que la grasa para el pelo ocupe y comparta estantería con el champú antigrasa… Un supermercado es una casa de locos definitivamente. Para colmo de mi euforia en la megafonía del local comenzaba a sonar  “bowl of the fire”…  Sin poder evitarlo busqué un peine, abrí el bote de vaselina, arranqué un buen puñado del interior y me lo esparcí por el pelo… corrí a ritmo de rock and roll por el pasillo buscando un espejo hasta que, en una columna, di con una pieza de acero inoxidable que alivio mis prisas. Conseguí una especie de cresta hueca pero el material perimetral no daba para mas. Al pasar por los congelados sentí frío en las orejas pero apenas me importó porque estaba poseído por el espíritu de “grease”. Me pareció o creí ver a Olivia Newton John al lado de los calabacines y saltando y girando en el aire corrí a su lado con tan mala suerte que, por el camino,  pise una hoja de lechuga y fui a dar, rodando como una roca (roll and rock), a una inmensa caja a rebosar de naranjas que se desplomaron concisas y certeras sobre mi cuerpo poseído por el rock and roll. Aquella vez desperté en urgencias con mi cresta deforme pegada a la almohada.

                Mi relación con la danza si bien tortuosa e indescriptible desde una sola postura  teórica, no ha dejado de ofrecerme oportunidades, incontables oportunidades de conocer gente. Las dependencias de la policía, los calabozos especialmente,  no son lugares solitarios por mucho que la mayor parte de los personas opinen otra cosa. Llegar allí, sin lo puesto al salir de casa, desnudo o casi y recibir con afecto algo de abrigo no se olvida nunca… Uno puede olvidar el motivo del estar  desnudo pero no el esfuerzo de la policía y los compañeros de celda para que uno no pase frío. He de reconocer que la ropa me sobra cuando me da por la danza clásica. No puedo imaginarme interpretando, libremente, el lago de los cisnes  vestido de persona civilizada. Adoro el hombre que oculto bajo los trapos y me temo que resulta mas poético el mono desnudo a pesar de lo mal que le parece a algunas personas y a la policía.

                Llevo algún tiempo investigando que tipo de pegamento emplean las vedetes para adherirse flores o mariposas en esas zonas que tanto ruborizan al personal. Estoy seguro que para conseguir la felicidad, a través de la danza, necesito expresarme con libertad y liberar a mis vecinos de la monotonía y la santidad como si fuera el protagonista de footloose…

                José A. Fernández  Díaz.      

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Published by atrapado-en-la-esquina-verde
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  • : Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
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  • Invasor atrapado en el territorio sin límite de los sueños y lo políticamente incorecto... Eterno indignado y perverso militante de causas pervertidas.
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