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24 enero 2016 7 24 /01 /enero /2016 23:59
Calles… que lugares para compartir

                Con poco que hacer y demasiados pensamientos e ideas  circulares pululando por mi cabeza, me fui a la calle; ese lugar maldito donde la vida nos hace felizmente anónimos  y donde nada o casi nada  tiene límites.

                Me tortura la idea  de ser perseguido pero, y  he aquí una de mis “peculiaridades”, nunca fuera de los límites bien conocidos de mi casa …

                Me temo que tiene razón uno de mis mejores enemigos, cuando dice que soy yo mismo quien persigue al perseguido. Es probable, posible y hasta seguro que así sea.

                La libertad del anonimato  en la ola infernal que recorre las calles, me ayuda a liberarme y huir de mi mismo y abandonarme a la observación de lo que pasa fuera de mi cabeza. 

                Poco antes de salir al asfalto rumiaba una frase que me apartó,  con cierta incomodidad,  de la buena de Patricia y que no tenia otra intención que la de pactar una tarde de reposo y meditación justa y necesaria… “tengamos la siesta en paz”… solo eso. Parece que Patri se trajo una idea bien distinta y lo mío;  frase y pijama, combinaban mal con la combinación, valga la redundancia,  que ella exhibía en un tiempo y en un espacio en el que no coincidíamos mentalmente.  El sexo como objetivo está bien si uno está correctamente desvestido para la ocasión… Ella no quiso entender y no supo comprender mi perfecta indisposición para aquellos menesteres.  

                Salí a la calle y he aquí la verdad, huyendo de Patricia, o mejor aún, de esa locura carnal en la que convierte las tardes de algunos domingos que no suelen coincidir con mi algidez y si con mis ganas apagadas… Culpa mía, mía siempre.

                En la calle encontré que me perseguía el deseo… el deseo del que huía. Algo estaba fuera de lugar cuando imaginé a Patricia esperándome al  final de unas viejas escaleras que no llevan a ningún lugar desde hace años. Me propuse dar tiempo a la casualidad rodeando la misma manzana dos o tres veces… Terriblemente excitado,  decidí, al fin,  dirigir mis pasos al encuentro con el lugar donde había una escalera de camino a ningún lugar.

                La imaginé, esperando con la respiración apurada y plena de deseo bajo el dintel de la vieja puerta al final de la escalera… Casi corrí, loco y ciego. Cuando por fin llegué encontré pegada en la puerta una nota donde Patricia, pues se trataba de su letra, había escrito: “cansada de esperar me he ido a tu casa… verás como hoy te alegro la siesta”…

                José A. Fernández Díaz. 

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Published by atrapado-en-la-esquina-verde
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  • : El blog de atrapado-en-la-esquina-verde
  • : Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
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  • Invasor atrapado en el territorio sin límite de los sueños y lo políticamente incorecto... Eterno indignado y perverso militante de causas pervertidas.
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